2020, el año que no ha llegado a ser



El lunes, 8 de marzo, día que se anunció la suspensión de clases en la Comunidad de Madrid, escribí en La Marea un artículo titulado La literatura del coronavirus. Lo escribí intuyendo que, dentro de unas semanas, cuando se retomase la actividad, sería el tema literario de moda. Le imprimí un tono desenfadado e irónico. No era consciente aún de la magnitud de la epidemia.

El sábado, día 14, cuando se anunció el estado de alarma, pensé muchas cosas; necesitaba expresarme, volcar mis dudas y mis ideas sobre el papel. Así que me puse a escribir sobre la épica. El texto comenzaba así: “el virus se ha introducido intramuros como un caballo de Troya para atacar a una población que resiste como puede al confinamiento gracias al valor de sus mejores guerreros.” Lo leí al rato con distancia, como si fuera un viejo texto de hace años.

El lunes, día 16, tras haber asumido e interiorizado todas las implicaciones que conlleva el nuevo estado, cambié de opinión y me puse a escribir sobre lo opuesto: la lírica. Aquí un fragmento: “aunque pueda parecer que vivimos tiempos épicos, estamos en realidad ante el escenario más lírico de la historia reciente.” Una frase resultona, pero detrás de la cual no había una reflexión que justificase la poética.

El martes, día 17, retomé unos textos que pretendía convertir en un ensayo sobre el hambre, la desnutrición y sus causas. Al cabo entendí que lo que había escrito hasta entonces ya no servía para nada; pertenecía al viejo mundo, porque tras el coronavirus se abre un nuevo escenario para la cooperación internacional; para todo aquello que implique geopolítica y economía. Así pues, pospuse la obra hasta tener perspectiva de la nueva situación.

Hoy, miércoles día 18, tras comenzar a experimentar la rutina del confinamiento y observar el alumbramiento de un caos ordenado, he pensado que sobre lo único que se puede escribir es sobre la nada. Porque ahora mismo no hay nada: no hay trabajo, no hay ocio, no hay tránsito, no hay eventos culturales ni deportivos, no hay calendario. No hay nada. Todo ha sido detenido, cancelado o pospuesto para finales de año. 

2020 tiene pues un paréntesis entre marzo y algún momento después del verano. Un agujero negro que lo absorbe todo y que nos escupirá en una realidad nueva; un orden mundial desconocido; el futuro.

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