Los errantes, una odisea cuántica


Los errantes es un artefacto narrativo peculiar, un libro cuyo contenido podría estar en un museo de curiosidades, en una de esas salas que acumulan objetos raros como un caleidoscopio del siglo XVI o una linterna mágica. Los errantes sorprende por su estructura, su temática, su contenido filosófico y su prosa lírica y afilada.

Se trata de un libro que utiliza el viaje como excusa para reflexionar sobre el movimiento, una novela tan metafísica como física. O incluso una novela cuántica, pues sus relatos son como átomos que no paran de moverse dentro del conjunto; existe en la obra un movimiento constante e intrínseco. De hecho, el título (que posee un relato homónimo) hace referencia al nomadismo; los errantes son aquellos que se emancipan, los que viven fuera del sistema desdeñando rutinas, caminando en los márgenes del tiempo, fuera del espacio y de toda secuencia que implique continuidad, con un fluir constante que nos recuerda al río de Heráclito. 

Una de sus peculiaridades, en ese sentido, es que los relatos están ligados unos con otros a través de sus temáticas; puedes estar leyendo un texto sobre cuerpos embalsamados y más adelante uno sobre un doctor que, oh, sorpresa, se dedica a embalsamar cuerpos. También hay relatos más largos que se detienen y continúan después. Son relatos de ayer, de hoy, de un pasado histórico o un presente continuo que nos lleva por aeropuertos, calles, islas, que nos llevan en la nave de Ulises hacia los confines del literatura. 

Los errantes es uno de esos libros que te obligan a detener la lectura y ponerte a pensar en la materia y la antimateria, en los agujeros de gusano, en las supernovas, pero también en el cuerpo, el alma, el paso del tiempo y lo ilusorio de la realidad. Todo esto sin desdeñar el humor; un sarcasmo que juega con el mundo del consumo y cómo este se aplica a todos los ámbitos.

Subyace en toda la obra una influencia borgiana, pero también recuerda por momentos a Sebald o incluso Mircea Cartarescu y su narrativa onírica. En definitiva, Olga Tokarczuk ha sido para mí uno de los descubrimientos literarios del año. Miento: el descubrimiento literario del año.  

Los errantes,  de Olga Tokarczuk. Anagrama, 2019 [Traducción de ‎Agata Orzeszek Sujak]

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