jueves, 19 de octubre de 2017

Bajo los cielos de Asia, de Iñaki Ochoa de Olza


Los asiduos a este blog habrán advertido un notable descenso en la regularidad de las publicaciones, hecho que se debe a dos circunstancias principales, a saber: la carencia de tiempo; la inmersión en el gigante Guerra y Paz, de Tolstói, que me tiene secuestrado. La lectura de una novela de mil ochocientas páginas implica, al menos en mi caso, dejar a un lado otras obras de narrativa y centrarme en la amalgama de personajes y situaciones que ofrece la obra del autor ruso. No me resigno sin embargo a una lealtad lectora que implica aislamiento, sino que intento combinar, o alternar, la lectura de Guerra y Paz con la de algunos libros de no-ficción; mayormente de alpinismo, que, como muchos ya saben, es una de mis grandes pasiones.

Mi última lectura ha sido Bajo los cielos de Asia, una suerte de diario de navegación o cuaderno de bitácora escrito por el malogrado alpinista navarro Iñaki Ochoa de Olza a lo largo de una década. Impresiones y pensamientos, así como también aventuras e incluso aspectos técnicos, que fue plasmando sobre el papel y que fueron publicados tras su muerte. Como suele suceder en este tipo de obras, el contenido esencial, la sustancia, todo aquello que puede leerse entre líneas va más allá, mucho más allá, de la mera práctica del montañismo; se trata más bien de una forma de entender la vida desde la reflexión metafísica a la que conducen las experiencias en la montaña, pues como afirma el mítico alpinista español César Pérez de Tudela en su obra ¿Era necesario morir?: comentarios y reflexiones sobre el alpinismo contemporáneo (Ed. Desnivel): “La ayuda al compañero y los rescates de montaña fueron bellas leyendas de solidaridad, mostrando a la sociedad esas virtudes sobresalientes que encarnaban el valor, la humildad y el honor. Eran las virtudes que Occidente exhibía al mundo frente a la arbitrariedad, la rivalidad y la competencia desleal de los negocios. El alpinismo era la gran escuela de la vida.”. 

Iñaki Ochoa de Olza falleció en 2008 aquejado de un edema pulmonar sobre una arista del Annapurna, a más de siete mil metros de altura, a pesar de los esfuerzos de algunos de los mejores escaladores del mundo por rescatarlo. El carisma de Iñaki Ochoa era tan grande que alpinistas de la talla de Ueli Steck, Denis Urubko, Horia Colibasanu, Don Bowie o Alexei Bolotov, quienes, o estaban en la misma expedición o andaban esos días por la zona, se jugaron la vida por quien consideraban un amigo. Iñaki fue cámara de altura para TVE y National Geographic y también escritor y periodista. Bajo los cielos de Asia da una muestra de su talento como escritor y su grandeza como persona; era un hombre capaz de llegar a lo más profundo de los seres humanos, a su alma, a su corazón. Y no tenía problema alguno para criticar con vehemencia la comercialización del alpinismo en el Himalaya o los comportamientos egoístas y urbanitas de quienes manejan los negocios de la expediciones comerciales. Sus reflexiones nos conducen hacia una espiritualidad que no es más que una forma de entender el montañismo como experiencia vital o incluso religiosa.

El libro está escrito con pasión e intensidad, tal vez por ello a veces abuse de lugares comunes o frases hechas que provocan un ligero descenso de la calidad literaria. Sin embargo, se nota en el pulso de la prosa un bagaje lector importante, un ritmo y un estilo muy personal que, conforme avanza el libro, se hace más auténtico. Bajo los cielos de Asia es, en definitiva, un libro que me ha acompañado en la cabecera de la cama durante varias semanas provocando que mis sueños de libertad acompañasen a mis sueños en los dominios de Morfeo. Una joya que se engrandece si uno conoce, y reconoce, la trayectoria de uno de los más grandes alpinistas de las últimas décadas. Una maravillosa recomendación para aficionados a la montaña y también, por supuesto, a la literatura. 

Bajo los cielos de Asia, de Iñaki Ochoa de Olza. Saga editorial. 260 páginas

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