lunes, 21 de agosto de 2017

¿Quién es el impostor en 'El impostor', de Javier Cercas?


El impostor, de Javier Cercas, es, como suelen ser sus novelas de no ficción: historias entretenidas, narraciones ágiles y repetitivas. Recuerdo que en Anatomía de un instante repite centenares de veces que Adolfo Suárez es un arribista. Pues bien, aquí cita al menos cinco veces a Faulkner (“porque el pasado no pasa nunca, ni siquiera —lo dijo Faulkner— es pasado el pasado es una continuación del presente.”), con intenciones de extraña aliteración. Algo que nos sirve como ejemplo del vicio del autor por dejarle claro a sus lectores aquellos puntos en que quiere insistir. Comienzo así este texto para clarificar que la lectura me ha resultado interesante, pero, a tramos, también aburrida, excesiva y repetitiva, como si lo que leía en una parte lo hubiera leído ya en otra anterior. Da la impresión de que hubiese sido más apropiado escribir una versión más corta y contundente, más acertada y certera, de la misma historia, en vez de las cuatrocientas cincuenta páginas que tiene la edición de bolsillo.

No obstante, existe en esta obra de no ficción una reflexión importarte sobre la impostura, sobre la ficción y la no ficción, sobre el arte de contar historias y la imaginación. Y en ese punto se encuentra el acierto de la novela, en plantear que nuestras vidas no se componen solo de lo que vivimos, sino también de lo que imaginamos. Yo también he sido un gran imaginador, un niño que de pequeño vivía su vida; acudía al colegio y luego hacía deporte o cualquier otra actividad extraescolar, y además imaginaba que era otra persona: un jugador de fútbol famoso, por ejemplo, o un ciclista, o alguien reconocido por su trabajo y su esfuerzo. Y además construía diálogos y narrativas al respecto, situaciones inventadas en las que sustituía lo ya vivido o ya hablado por otras acciones y otros diálogos. Esto, visto ahora en perspectiva desde una analítica freudiana, podría dar una muestra de un excesivo ego, de necesidad de reconocimiento, de cierto narcisismo, y quizá fuera así... Afortunadamente, el vicio se me pasó según fui creciendo y tuve que ceñirme a la realidad. Algo que, supongo, denota madurez, puesto que, tarde o temprano, uno abandona al niño que fue; una pena, pues aquella fase era bien divertida, era como vivir dos vidas, varias vidas.

Enric Marco es un caso de quijotismo similar, pero, a diferencia de mí, a él le duró la enfermedad toda su vida, e incluso se agravó con los años. Marco construyó una gran narrativa sobre su historia como soldado de la Guerra Civil, resistente antifranquista, deportado a un campo de concentración y superviviente del Holocausto. Sin embargo, la impostura de Marco fue desmontada por el historiador Benito Bermejo en el año 2005, generando un escándalo mediático de proporciones impensables. Su acción se consideró una falta de respeto a las víctimas y una burla al dolor y a la historia. Años más tarde, Cercas, en su línea de cazador de historias de nuestra historia, decidió, tras muchas dudas, según cuenta en el prólogo, (re)escribir la historia de Marco. 

Como digo arriba, lo más interesante del libro es la reflexión hacia la que conduce el texto. Es decir, por un lado está la cuestión de cómo los seres humanos hacemos literatura de nuestras vidas cuando no estamos satisfechos con ellas. Por otro está el tema de cómo esa literatura puede cambiar el curso de la volátil historia; sí, ésa que escriben los vencedores. Y por último existe la diatriba de cómo la literatura es capaz de buscar la verdad desde la ficción, pues, como afirmaba Lacan, “la verdad tiene estructura de ficción”. Cercas recrea en su obra la vida de Enric Marco en la Barcelona de la Guerra y la Posguerra para que veamos cómo fue su vida y cómo quiso contarla, con mínimas variaciones al comienzo y una gran mentira al final. Sin embargo, es la propia historia de la literatura la que nos descubre y desvela dichas mentiras; sin ir más lejos a través de una de las obras más importantes de siempre, El Quijote, que recorre con un paralelismo constante la narración de El impostor y que nos demuestra que una persona normal, Alonso Quijano, puede convertirse, a través de su imaginación y un desvarío provocado por las lecturas de ficción, en un caballero andante, un dechado de valores en desuso.  

El impostor versa por lo tanto sobre la capacidad de la imaginación humana y su influencia en la vida de los demás. Sin embargo, sobrevuela el texto una suerte de amenaza moral creada por el autor, que, a sabiendas de su existencia, trata de disculpar y justificar, pues Cercas se erige en juez y condena a Marco al grado de mentiroso y sinvergüenza. No obstante, es curioso que, a través de la historia que él mismo cuenta, el lector perciba a Marco como un ser entrañable que se inventó su propia vida de ficción al darse cuenta de que la que le había tocado no le gustaba demasiado. Queda saber por tanto quién es realidad el autor e El impostor, ¿Javier Cercas o Enric Marco?

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