lunes, 9 de enero de 2017

Jane Austen y el estilo




Resulta difícil analizar la obra de Jane Austen fuera de su contexto histórico y social. Una época en que la vida de la mujer terminaba en la puerta de su casa. Así las cosas, Jane Austen es una narradora observadora que relata la vida y las costumbres de su época a través de una literatura realista que pone las bases de la ambientación novelesca posterior. Un mundo que retrata una clase social determinada; la única que tiene acceso a la educación y a las novelas; una aristocracia rural cuyos miembros femeninos aspiran sobre todo a encontrar un buen marido que les procure seguridad. De este modo, Austen se convierte en pionera de la novela europea y hace de su obra de provincias un lenguaje universal que servirá a la postre de referencia para toda la tradición narrativa inglesa.

Me gustaría centrarme, no obstante, en su obra más popular, Orgullo y Prejuicio, por ser la que más y mejor explora la naturaleza de hombres y mujeres, la naturaleza humana. Se trata de una novela costumbrista escrita en plena efervescencia romántica, en pleno auge gótico. Una etiqueta que la propia Austen parodiará en La abadía de  Northanger. Por lo tanto, la importancia de su obra reside en la elaboración de un estilo propio que, además de sus connotaciones temáticas, resulta una aportación crucial para desarrollo de la literatura y preludia la aparición de la novela decimonónica del siglo XIX, especialmente del naturalismo, pues si por algo destaca la autora inglesa es por su conocimiento y precisión a la hora de explorar el interior de los seres humanos; sus imperfecciones, su pasión, su adaptación a un momento y a un realidad, a la época que nos toca vivir. La visión social de la obra es un anticipo de las grandes novelas de la segunda mitad del siglo XIX. En otras palabras: de la consagración de la narrativa. 

Encontramos en Austen un estilo que me atrevería a tildar de pragmático. Al igual que Swift, es partidaria de colocar “palabras adecuadas en sitios idóneos”. Una técnica en la que el lenguaje se utiliza en su vertiente más mímica; con la pretensión de encontrar verosimilitud, de acercarse a lo oral, al lenguaje hablado. De ahí que no destaque por la creación de imágenes potentes, que no abuse de las descripciones detalladas o que apenas emplee tropos. Jane Austen se basa en el understatement: una descripción incompleta tamizada por la ironía. Pero jamás recurre a lo simbólico; lo que se ve en la superficie es lo que hay en el interior. Se trata de una manera ortodoxa de exponer los hechos para completarlos con impresiones, sensaciones e intriga. Una intriga generada a través de los sentimientos que atrapa al lector y que la consolida como gran maestra de la literatura de masas.

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