jueves, 2 de junio de 2016

Satin Island, de Tom McCarthy



¿Qué se puede decir de una novela que aspira a no serlo? ¿Cómo escribir sobre un libro cuyo diseño escapa al análisis? Satin Island es una obra de su tiempo que pretende reflejar su tiempo y que además plantea la (im)posibilidad de registrar dicho tiempo bajo una narrativa. 


Antes de que la obra cayese en mis manos, y tras observar la portada, me preguntaba sobre qué versaría. He aquí una sinopsis de cuatro líneas: Al antropólogo empresarial U. se le encarga la redacción de un texto etnográfico global que resuma nuestra era: el Gran Informe. Pero a medida que la narración avanza, el protagonista descubre la dificultad del proyecto, que parece más bien un nuevo tipo de utopía, o quizá una broma.

Tom McCarthy nos presenta una obra extraña que habla sobre la narrativa y la multiplicidad de pliegues que contiene. Sin embargo, la narrativa viene marcada por los límites del lenguaje y las percepciones, al menos la narrativa que se encuentra dentro de un marco realista :"los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo", decía Wittgenstein en su Tractatus. McCarthy extrapola está limitación al mundo de la literatura y la forma de contar historias, y convierte lo que parece una novela en una suerte de reflexión sobre la era contemporánea y la necesidad de contarla con medios más complejos que la escritura; a través de formatos audiovisuales, por ejemplo. 


Necesitamos experiencia para ir por delante, aunque sólo sea un palmo, de nuestra consciencia de la experiencia. p. 87


El dibujo narrativo de McCarthy resulta en apariencia sencillo, pues el material utilizado, aunque recurrente, es más bien escaso. No obstante, a medida que la obra avanza vamos descubriendo un mundo hilarante y humorístico, kafkiano, que transforma la experiencia lectora en algo lúdico y que, además, nos conduce a la reflexión sin pedanterías, por medio de una prosa directa que, aunque huye del ornamento, no podemos tildar de sencilla.


Lo peor de morirse, me dijo mientras yo estaba sentado entre su cama y las ventanas sucias, es que no hay nadie a quien contárselo. ¿Qué quieres decir?, pregunté. Pues, dijo, llevo toda la vida viviendo acontecimientos importantes en términos de cómo los contaré a los demás. Lo que quiero decir es que incluso durante estos acontecimientos me formulaba, en la cabeza, cómo los describiría después. p 153