viernes, 17 de junio de 2016

Cero K, de Don DeLillo


Con Cero K regresa el DeLillo de finales del siglo XX, el autor de Submundo, Ruido de fondo, Libra y Mao II, al tiempo que se aleja el escritor de Cosmópolis, Punto Omega o El hombre del salto, obras elaboradas con una prosa brillante que sin embargo carecían de la hondura de la que es capaz un gran novelista como DeLillo.

Las novelas del norteamericano están construidas con un material pesado y duradero; temas graves que le sirven para reflexionar sobre la sociedad de masas y los problemas derivados de ella. Obsesiones sobre la naturaleza humana y su reverso más tenebroso; sobre el terrorismo, sobre el arte y la guerra o la guerra como arte o incluso el arte de la guerra. Y la muerte como telón de fondo y destino inevitable.

Y de eso nos habla Cero K, de la posibilidad de evitar la muerte gracias a la tecnología, a la criogénesis. Modificar lo inevitable y anular así el sentido de la existencia. Un lujoso programa para ricos que se consideran inmortales y que despertarán en un futuro donde los avances permitan la reactivación de la vida; la resurrección. Se trata de mantener la conciencia con cierto grado de actividad, como un sueño muy largo y profundo, como un letargo. Pero ¿qué sentido tiene la vida sin el miedo a desaparecer, a no vivirla más a partir de la muerte?

Éstas y otras cuestiones similares aparecen en Cero K diseminadas en un argumento sencillo elaborado por medio de una prosa brillante pero quizá menos ornamentada y compleja que la utilizada en sus grandes obras de los ochenta y los noventa. Un estilo que genera imágenes potentes y que se recrea en las descripciones. Imágenes de imágenes; como el recurso de describir con detalle las imágenes de una pantalla gigante que las proyecta y ahondar así en la subjetividad de las percepciones y la impresión que causan en los distintos individuos, dentro de los cuales se incluye también el lector, que percibe letras que forman frases que a su vez construyen imágenes.

Cero K es una obra con la que el lector puede gozar tanto en la forma, con sus preciosa estética, como en el fondo, con su gravedad serena. Una obra que demuestra que el viejo maestro narrador, maestro de maestros, ha recuperado su mejor forma.

Cero K, de Don DeLillo. Seix Barral, 2016 [Traducción de Javier Calvo]