miércoles, 2 de marzo de 2016

Marienbad eléctrico, una ¿novela? de Enrique Vila-Matas


Marienbad eléctrico pertenece a ese grupo de obras de Vila-Matas que, aunque suene a pleonasmo, podríamos etiquetar como rarezas. Dentro de esta categoría encontramos libros como Perder teorías, Fuera de aquíEl viento ligero en Parma, Extrañas notas de laboratorio o Chet Baker piensa en su arte. Me refiero por lo tanto a obras que compilan textos ensayísticos o que reproducen conversaciones; libros de notas que, como ocurre en el caso que nos ocupa, no distan mucho del método creativo empleado por el autor barcelonés para construir sus novelas. ¿O es Marienbad eléctrico en realidad una novela?

En Marienbad eléctrico el arte de la conversación se hace literatura. La hipótesis de un diario que reproduzca resonancias de encuentros, conversaciones telefónicas y epístolas se convierte en una realidad; una especie de tertulia-libro donde se ficcionaliza sobre los propios temas tratados en las charlas, generando así una narración donde la anécdota y el absurdo duchampiano conforman el material literario. Veamos: el autor y la artista de acción Dominique González Foerster funcionan como personajes principales, el Café Bonaparte de París, el lugar donde tiene lugar la tertulia, funciona como localización, el escritor Eduardo Lago o el mismísimo Rimbaud funcionan como personajes tangenciales. Se da por lo tanto esa relación entre realidad y ficción o, mejor aún, entre vida y literatura, que aparece en la obra de Vila-Matas como una constante.

De este modo tenemos: una ligazón de ideas ensayísticas, una investigación detectivesca (muy bolañesca) como búsqueda de algo más profundo (reflejada en este caso en la analogía entre Holmes y Watson y V-M y DGF) y una mezcla de literatura y arte contemporáneo. Todos ellos elementos habituales en el universo literario de Vila-Matas y que aquí se canalizan a través del método, pues tanto él como DGF investigan el método; la técnica artística del otro para buscar los porqués de la creación. O dicho de otro modo: la creación como forma de cuestionarse lo que uno crea. 

Como ya sucediera en su anterior novela, Kassel no invita a la lógica, Enrique Vila-Matas reflexiona sobre el arte como espacio invisible que sin embargo se expone, se enseña y, por lo tanto, se mercantiliza, cuando por el contrario debería permanecer oculto, pues aunque no existe la obra sin espectador, sí existe la creación artística sin él. De ahí la querencia del Vila-Matas narrador hacia la desaparición, hasta el origen mismo de la obra; la idea y su postrera ejecución. La idea de la habitación como lugar donde encerrarse a crear (Hölderlin, Onetti, Dickinson) y la relación espacio exterior-espacio interior completan esta suerte de teoría creacionista -tanto en la vertiente artística como , por qué no, en la filosófica- expuesta por el autor. 

Así pues, Marienbad eléctrico representa el desarrollo total del proyecto que el autor comenzase con Kassel no invita a la lógica hacia la literatura como arte de acción, como suerte de instalación o performance, es decir; como una pista que se le da al espectador para transmitirle un concepto, quizá una reflexión, sobre el propio arte contemporáneo y su función en el mundo de hoy.

Marienbad eléctrico, Enrique Vila-Matas. Seix Barral, 2016.