domingo, 21 de junio de 2015

El Levante, de Mircea Cărtărescu


Hay que ser muy osado o tener mucha seguridad en las capacidades propias para aventurarse a escribir una obra como esta, o más bien, para decidirse a publicarla. Bien es cierto que en el momento en que el autor se adentró en el proceso creativo, allá por 1988, encerrado en la cocina de su casa de Bucarest, meciendo con una mano el cochecito de su hija y tecleando con la otra en una vieja máquina de escribir, no valoraba la posibilidad de que su texto pudiera ser publicado. O eso dice la contraportada. Sin embargo, el narrador se dirige sistemáticamente al lector con guiños que buscan su complicidad, lo cual nos lleva a pensar que Cărtărescu siempre tuvo esperanzas tanto de que cayese el régimen comunista como de ver publicado su más ambicioso proyecto literario.  

Lector hipócrita, este sueño es, por supuesto, un pretexto para meter la cola en la historia que estoy devanando. Mi narcisismo tiene la culpa. Pero ya está, retomo la narración, las descripciones, los personajes, y te prometo volver a aparecer más a menudo hacia el final del libro. p.95  

El Levante es música escrita; una partitura clásica interpretada con instrumentos postmodernos, una epopeya homérica y bizantina en la que Cărtărescu sustituye a las deidades del Olimpo por una religión monoteísta cuyo único dios es el autor, también narrador, quien aparece y desaparece para jugar con los lectores sobre un tablero colmado de inventiva; recurso que resulta, no obstante, poco novedoso en esencia (pues él mismo cita, quizá anticipándose a la crítica, a Pirandello y Unamuno), pero vanguardista en su ejecución:  

Ay, poeta, soñador, Señor, por qué me habré puesto a escribir esta historia, en qué estaría yo pensando, cuando todos están locos por la actualidad, cuando se escribe poesía de la realidad (…) p. 159 

Este juego de espejos borgeano cuestiona el hecho mismo de realidad y reivindica la función del creador como demiurgo; dios único y todopoderoso, arquitecto y soberano de la realidad que construye en sus obras, manipulador constante que trasciende géneros y temáticas. Cărtărescu ha sido adscrito a una corriente literaria llamada onirismo, etiqueta que encaja a la perfección con su relato El ruletista, donde la muerte no acontece cuando lo dicta la lógica sino cuando lo desea el demiurgo-narrador, aunque a veces parezca algo inverosímil o mágico. Estos desmanes fantásticos de Cărtărescu perfilan sin duda alguna su marca de agua.

Por todas partes hay cables, raíles y micrófonos, los reflectores enfocan los frontones y las cúpulas, las cámaras entran con sus monitores, gracias a los teleobjetivos, en salas que huelen a tomillo o en alcobas encarnadas donde danzan caderas rosadas. Todo ello es que tú, querido lector, entres en trance. p. 192  

El Levante se compone de doce cantos que relatan una odisea simbólica (a través de una reinterpretación de la historia del siglo XIX, época de reunificaciones y nacionalismos, de guerras por la independencia e imperios), por tierra, mar y aire, que tiene por fin liberar Rumanía de la dictadura. No obstante el dramatismo que estos mimbres pudieran presuponer, el autor desengrasa el texto salpicándolo con aceite de humor; un humor constante y preciso como un marcapasos. Cărtărescu introduce en este sentido un hilarante y paradójico (al menos para alguien que vive en un sistema comunista) componente pop en cuya batidora caben Borges, Mafalda, Ernesto Che Guevara o Bioy Casares.  

Pero escucha, no te pierdas una sola palabra, pues el último gran poeta del próximo siglo, y con él llegamos a la frontera. Lo que hay más allá, al comienzo del nuevo milenio, no lo saben ni Dios ni los ángeles ni los genios. p. 129 

Pero El Levante destaca sobre todo a nivel compositivo, terreno en el que el rumano demuestra maestría y destellos de genialidad. Repasemos: en su versión primigenia, la obra fue escrita en verso, pero en pos de poder traducirla a otros idiomas Cărtărescu la convirtió en la prosa poética que nos ha llegado a los lectores españoles. En cualquier caso, algunos pasajes se mantienen en verso, y nos recuerdan, quizá a propósito, que uno de los orígenes de la novela es la evolución de la poesía épica. Durante el proceso de lectura, a veces tiene uno la sensación de estar leyendo una novela al uso, mientras que otras muchas es la lírica la que te arrastra con su música y sus potentes imágenes hacía el mundo onírico que pretende crear el autor en esta obra poliédrica, original y compleja. 

El Levante, de Mircea Cărtărescu. Impedimenta, 2015. [Traducción de Marian Ochoa de Eribe]

2 comentarios:

Ana Blasfuemia dijo...

Leí de Cărtărescu El ruletista que me fascinó, entre otras cosas por el juego con el lector, algo que parece que Cărtărescu maneja bien. He de leer algo más suyo, aunque no termino de decidirme por cuál de los que están publicados en español...

Un abrazo

Mario Crespo dijo...

Yo acabo de adquirir 'Lulu'. Cărtărescu es un vicio... Un abrazo.