viernes, 16 de enero de 2015

El día después, de David Refoyo

De: rford@recoletos.com
Para: jgtcom@diario16.com

Asunto: No se equivoque, por favor.

Hola, colega.

¿Has leído a Chomsky? En uno de esos listados
argumentales que utiliza para mostrarse más aislado
del mundo, viene a decir que el verdadero criterio
editorial de un medio de comunicación es, simple y
llanamente, la publicidad. Y tiene toda la razón. Antes,
en otro tiempo, los directores decidían qué contenidos
aparecían y cuáles no. Era su criterio el que
se imponía. En algunos medios no se toleraba ningún
tipo de injerencia política o económica, pero eso no
corresponde a esta era. No es culpa mía que las cosas
hayan terminado así. Nos debemos a nuestros accionistas
y a nuestros anunciantes, que son los que llevan
el dinero a los primeros. Si no entendemos eso, no
entendemos nada.
La gran estafa proviene de los Consejos de Administración.
Los integrantes del consejo de un grupo
de comunicación son prácticamente los mismos que los
de la competencia, no hay más que fijarse en las fusiones
de las televisiones privadas. Los accionistas
interesados en la prensa deportiva no entienden de colores
y suelen invertir un poco aquí y otro poco allí
para que, gane quien gane, ellos no pierdan. Se trata
de diversificar el riesgo, de dotarlo de seguridad para
evitar que una mala racha pueda tumbar una fortuna.
En este país todo funciona según la teoría de
los vasos comunicantes. Simplificamos al máximo las
opciones, dejando dos posibilidades que en realidad
son la misma, porque funcionan del mismo modo por
mucho que la primera opción critique a la segunda y
viceversa. Esta teoría, que no tengo ni la más remota
idea de dónde la escuché, se comprueba echando un
vistazo a las encuestas, sin importar el tema analizado.
Hay quien elige por convicción y quien elige
por negación u oposición. Ambas son respetables en un
sistema democrático como el nuestro.
En esa libertad del individuo participa también
la propaganda, claro, pero lo que nosotros hacíamos
era publicidad. No nos movían motivaciones ideológicas
ni tampoco éticas, de esto se nos acusa, lo acepto,
pero la realidad se impone a los criterios legales
y deontológicos.
Usted puede intentar ser magnánimo y vender muchas
noticias con nuestras declaraciones, filtraciones
de su investigación y todo eso. Haga lo que quiera. Yo
sólo puedo decir que si el Presidente gastaba decenas
de millones en publicidad en nuestro diario, nosotros
debíamos mantenerlo contento. Puede que sea autocensura
o inteligencia, pero las cosas son como dicen los
accionistas. Y entre los accionistas se encontraría
un listado de personalidades que, bueno, creo que están
por encima de usted y de mí.
Le ruego no condene al mensajero acusándolo de
fomentar el odio y la instigación, la subversión y
esas cosas que tanto gustan a los fiscales y a quienes
actúan como tales. Hágalo, pero sepa que se está equivocando
y que, tarde o temprano, se sabrá la verdad.
Parafraseando a Vázquez Montalbán, tan futbolero como
nosotros, la historia no le absolverá. Pero puede intentarlo,
no le quepa duda.

Richard F.
Periodista deportivo.

Capítulo extraído de: El día después, de David Refoyo. Lupercalia, 2014.