domingo, 24 de agosto de 2014

La vuelta a Europa en avión: un pequeño burgués en la Rusia roja, de Manuel Chaves Nogales.




La historia del turista español está irremediablemente ligada a la aparición de las aerolíneas low cost. Su irrupción coincidió con el momento de mayor (y más falsa) bonanza económica vivido por la España moderna; el boom de la construcción, la burbuja inmobiliaria, el ricoprontismo, el dinero fácil, la corrupción sin escándalos… Todas esas cosas. A partir de entonces, las masas de turistas españolas comenzaron a invadir, como si de hordas imperiales se tratase, las calles de las principales ciudades europeas. El españolito abandonó orgulloso su rol de trabajador emigrante y se convirtió en un respetable viajero de placer. La burguesía paleta de los pueblos de Castilla y las aldeas del norte se dejó seducir por un tipo de viaje en el que el viajero estaba más cerca de ser una maleta que un verdadero connoisseur. En los centros de trabajo de las provincias había gente que competía por visitar más ciudades europeas que sus compañeros. De este modo, se popularizaron los circuitos o paquetes turísticos; Venecia, Florencia y Roma; París, Brujas y Gante; las capitales bálticas; las ciudades imperiales… Hoy en día, debido a la crisis y sus secuelas, los viajes al extranjero se han reducido de manera notable. No obstante, aún son muchos los españolitos que uno se encuentra fuera de España.

Pues bien, antes de alcanzar este contexto, hubo una serie de gente que abrió el camino y las fronteras para adentrarse en lo más profundo del conocimiento a través del acto de viajar; los pioneros, aventureros auténticos. Manuel Chaves Nogales fue uno de ellos. Uno de los más notables. Y no sólo eso, pues además fue uno de los primeros españoles que disfrutaron de las ventajas de viajar en avión. Durante el verano de 1928, Chaves Nogales, redactor jefe de El Heraldo de Madrid, se embarcó en un viaje en avión por toda Europa a fin de redactar una serie de reportajes para su periódico. Por un lado, tenemos el viaje en avión como novedad técnica; por otro, el viaje en sí mismo como experiencia vital, especialmente el que el autor realiza a través de la URSS, hecho que dio pie al original subtítulo de este libro: Un pequeño burgués en la Rusia roja.

Chaves es un cronista brillante que maneja la prosa con soltura y no renuncia al adorno lírico y festivo. Pero, sobre todo, es un hombre inteligente cuyas reflexiones, nacidas casi siempre de la observación minuciosa, llevan a uno a recapacitar. La primera etapa de su aventura le lleva a Barcelona. En ella nos describe con precisión las sensaciones que le produce volar y elucubra cómo será la aviación comercial del futuro. En la segunda etapa, una tormenta pirenaica obliga al piloto a realizar un aterrizaje forzoso en un campo de Béziers, ciudad donde deberán hacer noche. Es ahí donde vemos al Chaves más auténtico, el que improvisa a vuelapluma unas líneas que retratan con certeza la mentalidad liberal de un pueblo tan personal, y tan suyo, como el francés. Chaves es un hombre abierto y comprensivo, flexible y tolerante, tierno y empático, liberal y republicano, más humano que humanista, pero, no obstante estos rasgos, representa al hombre de su tiempo; un ibérico de principios del siglo XX. Por eso, algunos comentarios, especialmente los concernientes a la maternidad y la sexualidad, lo situarían hoy día más cerca de un tertuliano de Intereconomía que de un liberal:

“Para que un pueblo sea fuerte y pueda hacer gala de su vitalidad –doloroso, pero cierto-, es necesario que haya muchos miles de criaturas lanzadas al mundo un poco insensatamente, a la ventura, a vivir y crecer como los pajarillos y los ganados. Esto, para un hombre civilizado, es imposible de aceptar. Pero es verdad” (p. 44).

Cada capítulo es un testimonio de primera mano que suele centrarse en un aspecto concreto de la sociedad. De este modo conocemos Suiza y las razones de su neutralidad, pasamos por el Berlín prebélico, por la Venecia de los últimos coletazos románticos y las primeras hordas de turistas ingleses, e incluso disfrutamos de la tranquilidad del Prater de Viena. Pero lo más interesante del libro, que además queda bien recalcado en el subtítulo, es la Rusia comunista diez años después de la Revolución. Y lo es porque los textos le sirven al autor para confrontar dos modelos de vida, dos sistemas, con sus pros y sus contras, analizados sin prejuicio alguno. Resulta especialmente interesante, por esclarecedor, el relato de algunos pasajes en los que el autor se ve obligado a formar parte de la sociedad comunista, como uno más, y reflexiona sobre el concepto de “lo público” o “lo común”, y el efecto que ello causa en un burgués como él, y también el que podría causar en algunos intelectuales a los que se les llena la boca hablando de comunismo cuando su estatus burgués les haría rechazar las incomodidades de una comuna si alguna vez tuvieran que vivir en ella. Cabe recordar que Chaves terminó sus días denostado por todos; por sus amigos de la izquierda y sus enemigos de la derecha, exiliado y abandonado a su suerte en su encuentro con la parca, que le asaltó en un hospital de Londres, en 1944.

“En la Rusia comunista, uno se siente saturado de humanidad, ahíto de vaho humano. Y esto, aunque parezca extraño, son muy pocos los hombres de nuestro tiempo capaces de soportarlo.
    Todos esos tipos de intelectuales, artistoides, platónicos amantes de la humanidad que en Occidente siente veleidades comunistas se horrorizarían si vieran de cerca lo que es la vida comunista. Y no lo digo en daño del comunismo, sino de ellos.” (p. 175) 

La vuelta a Europa en avión: un pequeño burgués en la Rusia roja, de Manuel Chaves Nogales. Libros del Asteroide, 2012.