miércoles, 2 de julio de 2014

Pantaleón y las estructuras



Lo más interesante de Pantaleón y las visitadoras, de Mario Vargas Llosa, es el recurso estructural que el autor utiliza para narrar la historia de un oficial del ejército peruano a quien se le encarga la misión secreta de poner en marcha un servicio de visitadoras, o señoritas de compañía, que alivie el furor de los soldados peruanos destinados en la Amazonía, a fin de evitar la ola de violaciones que se vienen produciendo en los últimos tiempos. La obra es muy original, pues parte de una gran idea, y además posee momentos hilarantes que le hacen reír a uno mientras lee, sin embargo, quizá por su propia exigencia vanguardista, termina resultando algo densa y desconcertante.

Para construir la novela, el autor sustituye la voz narrativa por la inclusión del material directo, en bruto: informes oficiales, documentos, cartas, noticas, transcripciones de programas radiofónicos y diálogos. Estos últimos abren y cierran el libro y además poseen la particularidad de mostrarse alternos, saltando de una conversación a otra sin previo aviso y construyendo así una polifonía que unas veces embruja con su ritmo frenético y otras aburre debido al ruido que genera. La yuxtaposición de planos obliga al lector a componer la historia de Panteleón Pantoja y su servicio de visitadoras aportando algo de su parte (lo cual que valoramos mucho en esta casa). Un ejemplo: el penúltimo capítulo del libro nos presenta una noticia de prensa, una crónica, por la que conocemos el terrible desenlace del servicio de visitadoras, que culmina con el fallecimiento de una de las chicas, y que a su vez enlaza con la otra subtrama que se va desarrollando a lo largo de la obra, la de la secta de los Hermanos. Resulta brillante. Pero lo sería aún más si la obra tuviera otros aspectos destacables aparte de los meramente estructurales.

Vargas Llosa evita por lo tanto el uso clásico de la narración indirecta de los acontecimientos en un alarde técnico muy valorado en la época de su publicación. No obstante, la novedad no tiene entidad en sí misma como para hacer de ella algo más que una sátira fresca que incluye una interesante reflexión. Y ya. 

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