viernes, 14 de marzo de 2014

Kassel no invita a la lógica, el nuevo artefacto vilamatiano




Kassel no invita a la lógica es una novela tradicional. O al menos, una novela compuesta por elementos tradicionales. Me explico: en ella hay un narrador que nos cuenta,  en primera persona, la historia de su viaje a Kassel, donde fue invitado a participar en una actuación consistente en sentarse a escribir en un restaurante chino; hay personajes secundarios que acompañan al narrador (las curadoras, principalmente); hay una historia, la historia de la Documenta como exposición que recorrer y de la que hablar; hay varios conflictos e incluso hay una suerte de intriga; la intriga de saber por qué al narrador deja de asolarle la angustia que sufre cada noche y que nos recuerda un elemento recurrente en la anterior novela de Vila-Matas; Aire de Dylan, que dice “cuando anochece siempre necesitamos a alguien”.

Dicho esto, con lo que quizá he pretendido ser ingenioso u original, apuntaré, ya más en serio, que Kassel no invita a la lógica es una novela totalmente atípica, heterodoxa, nada convencional, episódica, heredera de la tradición que proviene del Satiricón; la de la literatura sin trama, incluso sin historia, y que en Vila-Matas se articula en torno a "frases motor" que construyen los distintos capítulos. En palabras del propio narrador, el libro es de hecho un "reportaje novelado" (de la exposición). Vamos que, en resumen, se trata de una novela estrictamente vilamatiana. Sea como fuere, da la impresión de que Vila-Matas alcanza con esta obra el cénit de ese estilo basado en las reflexiones que el personaje principal/narrador extrae de sus paseos por una ciudad; de la observación de lo cotidiano. Una estructura similar a la de Doctor Pasavento o París no se acaba nunca, pero más evolucionada en su estilo, más lírica, más musical. Vila-Matas consigue que la narración conduzca al lector por los vericuetos de la reflexión a través de la mente de quien escribe sobre lo que percibe y sobre lo que esas percepciones le generan.

La prosa es excepcional, fluye y resbala entre los dientes si uno la lee en voz alta, reseca la garganta si uno la lee hacia adentro y vuela sobre los neurotransmisores si uno la lee en su mente. Bajo esa batuta vilamatiana que nos permite reconocer su voz, esa voz, avanzan subordinadas encadenadas que nos llevan hacia las profundidades del arte contemporáneo. Enrique Vila-Matas comienza hablándonos del concepto Mcguffin, y además  convierte este recurso, más bien cinematográfico pero, por qué no, también literario, en suyo para hacer avanzar una trama que no existe a base de mantener al espectador alerta por medio de la descripción de las rocambolescas obras de arte contemporáneas, todas ellas reales, existentes, y las sensaciones o experiencias que se pueden experimentar al interactuar con ellas.

Como digo, Kassel no invita a la lógica es una obra muy vilamatiana, estrictamente vilamatiana (algún día la RAE contemplará la inlusión de este adjetivo en su diccionario, como ya hiciera con el término berlanguiano), pero sobre todo del último Vila-Matas; el del salto inglés, el que va de Dublín a Kassel perdiendo teorías por el camino, el que pasea como si fuera el paseante (solitario) de Robert Walser y al mismo tiempo, exigiendo su derecho a contradecirse, afirma que pretende encerrarse en su cabaña, como Heidegger, para pensar ("Esperaba convertir mi habitación de hotel en una cabaña para pensar al estilo de Heidegger"). Kassel no invita a la lógica toca por lo tanto los temas habituales del escritor barcelonés: el paso del tiempo como algo angustioso, como espera (Óblomov), y la voluntad de convertir ese tiempo en espacio; la función del arte y del propio hecho de crear en el mundo contemporáneo; el hecho de vivir literariamente, o de entender la literatura como forma de vida; la victoria del estilo sobre la trama. Y, como él mismo decía en Perder teorías, la conciencia de un paisaje moral ruinoso. Todo ello, cómo no, sazonado con un toque de humor y una deliberada tendencia a la contradicción como hecho creativo en sí mismo.

"Ninguna religión sirvió nunca para nada, pues el sueño fue siempre más religioso que todas las religiones juntas"

Kassel no invita a la lógica, de Enrique Vila-Matas. Seix Barral, 2014.

2 comentarios:

Ana Blasfuemia dijo...

Aunque no la he leído todavía me sorprendía leer que estábamos ante una novela tradicional ¡pero si es Vila-Matas!, no puede ser (me decía). Es lo bueno que tiene leerlo todo, que luego ya ves que sí, que es Vila-Matas :)

Si hay que firmar para que la RAE admita "vilamatiana", se firma.

Gracias y un saludo!

Mario Crespo dijo...

Se terminará admitiendo, lo de "vilamatiano", al tiempo.