jueves, 27 de marzo de 2014

Gravity, de Alfonso Cuarón; el espacio (cinematográfico)





Me ha gustado mucho Gravity. Me ha gustado mucho porque la he visto en el cine, en 3-D, y ha resultado ser una experiencia audiovisual intensa y divertida. De no haberla visto en el cine, no diría lo mismo, pues la historia es bien simple y previsible: unos astronautas americanos que dedican una jornada a tareas rutinarias de mantenimiento en una estación espacial sufren un accidente y se ven de repente solos y perdidos en un espacio con gravedad cero. Entonces comienza el desesperado intento de la protagonista de regresar a la Tierra en una Soyuz.

Pues sí, tenemos una película de astronautas americanos que tienen que alcanzar una estación espacial internacional para salvarse (y más tarde una estación China). Respecto a esto último, resulta curioso observar cómo, bajo la vara de medir hollywoodiense, el equipamiento de los rusos, tanto la nave como los trajes y el material, se muestra viejo, astroso y obsoleto, en contraposición al lustre y el brillo que muestran los americanos en sus naves y trajes. Esta reflexión me condujo a otra que no tiene nada que ver con la película, ni con el cine en general; me refiero a la desaparición del término "cosmonauta" tras la caída del Muro. Antes, en los ochenta, cuando yo era pequeño, había dos formas –pues había dos sistemas mundiales contrapuestos- de referirse a los astronautas; con el término occidental/americano/capitalista: astronauta; con el término oriental/soviético/comunista: cosmonauta. Cosmonauta, por cierto, procede del término eslavo: kosmonvt (космонавт), y su uso se evaporó con los vientos liberales del oeste.

Esta digresión sobre el término astronauta, que no es más que eso; una digresión, me sirve no obstante para recordar que la protagonista, Sandra Bullock, una vez sola y perdida en el espacio, tendrá que alcanzar la estación espacial internacional primero y la china después. En la primera de las estaciones se encuentra una Soyuz, una nave rusa tripulable con capacidad para tres personas, pero un pequeño incidente no le permite lanzarla a la Tierra. Más tarde, durante el trayecto que conduce a la prota de una estación espacial a otra mientras gravita, se genera una tensión provocada precisamente por la gravedad, o más bien por la falta de ella, o, dicho de manera correcta, por la gravedad cero; el quid de la cuestión, lo llamativo de la película. Algo que, sin embargo, contiene algunos errores de verosimilitud bien flagrantes, como el hecho de que el pelo de la Bullock no flote.

La gracia de la peli, por lo tanto, reside en la composición de planos, en la pura óptica, puesto que los planos de cine, las fotos en continuidad, representan un espacio físico, un espacio en dos dimensiones y, aquí, no sólo se consigue representarlo en tres, sino que se consigue representar el espacio en sí mismo; la percepción del espacio, un viaje por el espacio, lo inconmensurable, la vida más allá de la atmósfera; una sensación que la película transmite muy bien y que provoca que el metraje vuele. Por lo tanto, ver esta peli en DVD, por muy blue-ray  que sea, es como ver Godzilla en un MP4. 

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