domingo, 12 de enero de 2014

Correr, de Jean Echenoz.


La primera vez que tuve noticias de Emil Zátopek fue a través de un anuncio televisivo de la marca Adidas, allá por los años noventa. El spot narraba, en menos de un minuto en su versión más larga, la historia de Emil; un atleta legendario, el campeón obrero, el orgullo del comunismo, el abanderado de Checoslovaquia, un fondista que marcó una época. 

Correr también nos cuenta la historia de Emil, pero sin la épica del anuncio, con una visión esencialmente humana, centrándose más en la persona que en el atleta. Y, la verdad, lo cuenta muy bien. Tanto que me ha entusiasmado. Aunque, he de precisar que, de entrada, ya antes de leerla, existían dos elementos que la hacían atractiva para mí; el título, Correr, una actividad que hago a menudo, y el autor, Echenoz, de cuyo estilo, ágil y dinámico, he aprendido ciertas cualidades técnicas. 

Aparentemente, la obra parece una biografía novelada de Zátopek, pero nada más lejos de la realidad; se trata de una novela biográfica que nos cuenta la historia de un obrero checo al que le gustaba correr y que, debido a su talento para ello, se convirtió enseguida en una leyenda del atletismo. La historia de Zátopek, sin embargo, le sirve al autor de excusa para contarnos también parte de la historia de Europa, sobre todo la de la Europa del Pacto de Varsovia, con sus límites y su control, con su disciplina y su paranoia, con su Primavera de Praga y su habilidad para denigrar a las viejas glorias nacionales. Correr no es por lo tanto la típica epopeya de esfuerzo y superación, sino la sufrida historia de Europa en el siglo XX como símil de la historia de sus hijos; sus héroes.

Echenoz es pura síntesis. Un autor capaz de resumir cuarenta años de historia en ciento cuarenta páginas. En su novela más reciente, 14, va un poco más allá y nos introduce en el campo de batalla de la Primera Guerra Mundial hasta que olemos el gas y la pólvora en tan solo cien páginas. Fue semejante agilidad narrativa la que me llevó a explorar la obra de este autor francés y a encontrar Correr, publicada en 2010, en una librería de provincias. Y corrí al mostrador para pagarlo como si fuera Echenoz volando sobre las páginas con párrafos como éste:

Hospital, silencio. Largo silencio al hilo del cual, como siempre, comienzan a proliferar toda clase de rumores inmediatamente desmentidos, seguidos de desmentidos de esos desmentidos: Emil abandona y luego no, nada de eso puesto que correrá el Día del Ejército, pero luego sí, se retira de la prueba del Día del Ejército, Emil está muy enfermo y luego está sano como una manzana, se le prohíbe participar en los Juegos por realizar declaraciones sediciosas pero de eso nada, irá a los Juegos, luego sólo acudirá a los Juegos como espectador, pero al final no irá. Emil abandona. Tiene que someterse a otra operación. Ha reanudado el entrenamiento, se entrena como nunca. No recupera la forma, no progresa, tira la toalla, está acabado, va a volver, volverá. En pasado, en futuro, pero sobre todo en pasado, pocas veces se habrá hablado tanto de él desde que se asegura, desde que lo asegura él mismo, que está en declive. (p. 120-121)

Correr, de Jean Echenoz. Anagrama, 2010. [Traducción de Javier Albiñana]