jueves, 30 de enero de 2014

84, Charing Cross Road, de Helene Hanff

Conocía este libro y había tenido muchas veces la tentación de comprarlo, pero siempre salía de la librería con ejemplares más recientes, posponiendo su adquisición y su lectura para más adelante. Pero por fin llegó el día en que lo compré y también el día en que me encerré con él. Y digo el día porque me lo leí de un tirón. Literalmente, sin levantarme a beber algo, ni siquiera para ir al baño.

Cabe destacar, en primer lugar, que se trata de un libro epistolar. Sin embargo, durante el proceso de lectura, uno no piensa que está leyendo epístolas, sino una historia, real o de ficción (en este caso da igual), compuesta por personajes que viven, actúan, sueñan y se comportan en definitiva como cualquier personaje.

Helene Hanff, una escritora americana poco conocida que trabajó la mayor parte de su vida como guionista, envía su primera carta a la librería londinense Marks & Co. el 5 de octubre de 1949, en plena posguerra. “Su anuncio publicado en la Saturday Review of Literature dice que están ustedes especializados en libro agotados” (p. 9). Helen pretende que le envíen algunos ejemplares antiguos que no es capaz de encontrar en su país a un precio razonable. Este primer contacto será el comienzo no sólo de un preciosa relación comercial, sino también de una sólida amistad entre personas que no se conocen.

Un empleado de la librería llamado Frank será su contacto. Él le consigue los libros y ella le envía el dinero en un sobre. Se da la circunstancia de que en esos años Inglaterra vive un periodo de racionamiento y los alimentos escasean. Poco a poco, conforme Frank y Helen van intimando y contándose cosas que trascienden su relación comercial, Helene les enviará comida, algo que en aquel momento era como un metal precioso. Una de las claves del libro es el confronto de las dos culturas sajonas, la americana, siempre tan histriónica, y la británica, siempre tan correcta. A lo largo de la obra el lector parece recorrer también la historia, pues en las cartas se mencionan acontecimientos como la muerte del rey, la coronación de Isabel o la elección de Kennedy como candidato del partido demócrata.

Pero lo más valioso de la obra, a mi entender, es el hecho de que, a través de la epístola, las personas que las firman se convierten en personajes y la obra se convierte en una suerte de novela de original estructura. Por ejemplo: en un momento determinado entran en escena otros empleados de la librería, que también se cartearán con Helen, o la vecina de Frank, que bordará un mantel para la escritora y que, posteriormente, mantendrá correspondencia con ella. O incluso la mujer de Frank y sus hijas. Otro elemento narrativo que aporta originalidad es la tensión que se genera al esperar que Helen, de escasos recursos económicos, viaje por fin a Inglaterra para conocer a toda esta gente. Algo que, finalmente, y debido a varias circunstancias, no llega a suceder.

La correspondencia se mantiene hasta el año 69, es decir, durante veinte años. Y tanto Helen como sus amigos ingleses pasan, de alguna manera, a formar parte de la familia Doel, la familia de Frank. Y esto se transmite en la obra a través de la emoción que provocan en el lector ciertos acontecimientos tristes que acontecen al final. Cabe reseñar que esta especie de clímax me ha emocionado mucho más que la mayoría de obras de ficción que he leído en mi vida. Me ha emocionado casi hasta la lágrima. Y me ha generado una sensación que hacía tiempo que no sentía; el placer de una buena lectura (pero buena de verdad, algo que no es tan fácil de encontrar). Y es que, al fin y al cabo, este libro trata este tema; el tema de los libros y su importancia en nuestras vidas. El tema de las librerías como templos sagrados del saber, o del placer…

“Cada primavera hago una limpieza general de mis libros y me deshago de los que ya no volveré a leer, de la misma manera que me desprendo de las ropas que no pienso ponerme ya más. A todo el mundo le extraña esa forma de proceder. Mis amigos son muy peculiares en cuestión de libros. Leen todos los best sellers que caen en su manos, devorándolos lo más rápido posible…, y saltándose montones de párrafos según creo. Pero luego jamás releen nada, con lo que al cabo de un año no recuerdan ni una palabra de lo que leyeron.” (p. 75)

84, Charing Cross Road, de Helene Hanff. Anagrma 2002, 2013. [Traducción de Javier Clazada. Post Scriptum de Thomas Simonnet]

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