jueves, 28 de noviembre de 2013

La luz de neón en "Sólo Dios perdona" ("Only God forgives")



La historia que nos cuenta el celebrado Nicolas Winding Refn (premio a la mejor dirección en Cannes 2010 por Drive) es poco sólida. Sirva está oración como eufemismo para no decir que tanto la historia como la forma de contarla (sobre todo la forma de contarla) son pésimas. Es más, se trata de una de las peores historias (y peor contadas) que he visto en mi vida (y he visto unas cuantas). 

Veamos: entre el terror y el surrealismo se encuadran unos personajes planos cuya historia parece moverse por secuencias independientes que nada tienen que ver las unas con las otras. En consecuencia, el argumento no sólo no consigue captar la atención del espectador, sino que termina por aburrirlo aun a pesar de su corto metraje. Si reseño aquí Only God forgives, si le dedico unas palabras, es debido a dos razones, a saber: la dirección de fotografía y la iluminación son magistrales; Winding Refn es un esteta que busca los límites arriesgándose a que le salgan cosas como esto. Y sólo por eso queda disculpado. O por lo menos merece otra oportunidad.

Da la impresión de que el director (también guionista) puso todo su empeño, y también todo su talento, en la estética audiovisual. La película tiene varios elementos que producen placer al contemplarlos y que, muy a propósito, contrastan con lo desagradable de algunas imágenes ultraviolentas. Uno de esos elementos son las sombras; las sombras como metáfora, las sombras colocadas en lugares donde por lógica no se generarían, las sombras, por lo tanto, como entes autónomos, como algo independiente de la persona que las proyecta, como símbolo. Otro elemento serían los filtros, mayormente rojos y azules, que llevados al límite crean un espacio propio para que los bizarros personajes de la historia simbolicen algo. Y un tercer elemento sería la luz de neón. Detengámonos en este último:

El director tenía bien claro que quería crear una estética, como ya hiciera en Drive. Hasta ahí bien. Sin embargo, parece haberse olvidado por completo del desarrollo de los personajes; es como si todo en la película tuviera que ver con la iluminación de los personajes, y no con su desarrollo. En las manos de Refn, Bangkok se convierte en un espacio acotado por el gas neón. El neón es una tipo de luz que fascina y atrae al ojo humano, de ahí que se use en lugares como Las Vegas, Times Square, Piccadilly Circus, etc. Se trata de una luz total que contrasta con el negro y que carece de escala de grises. Y dado que la luz funciona casi exclusivamente como símbolo (pues los personajes son tan planos, tan carentes de matices, tan faltos de grises como las luces de neón), Larry Smith, el director de fotografía, lo tenía fácil para ser el miembro más destacado del equipo, ya que gracias al neón es capaz de generar un festival de color. Meramente estético, sí, pero soberbio; un espectáculo que provoca en el espectador un efecto subyugante gracias al cual la película consigue salvarse. Al menos un poco...