lunes, 1 de julio de 2013

Crónicas montañeras I: Madrid y alrededores

Cuando un urbanita nato descubre la montaña y queda prendado de su nutritiva esencia natural piensa: ¿por qué no habré empezado antes? Iniciarse en el senderismo, como relata Paco Nadal en este artículo de El País, no necesita un proceso basado en un cruento bautizo de sangre; basta con tener ganas, poner cierto empeño y seguir las marcas blancas y rojas o blancas y amarillas pintadas en los árboles.



Hacer senderismo por la montaña no es sólo subir una cuesta rodeado de pinos, es también elegir el lugar, planificar el viaje, preparar la comida y el agua, escudriñar el mapa, alcanzar el lugar con el coche, aparcar en una zona habilitada para ello y, finalmente, emprender la marcha. Estar en forma no es un requisito obligatorio, pero sí muy recomendable si la dificultad del recorrido es media o alta.



El senderismo es una actividad agradable y sana que además, y a diferencia de la mayoría de actividades de ocio que ofrece el sistema, sale bien barata. Por otro lado, España es un país maravilloso que esconde tesoros en todos y cada uno de sus rincones provinciales y que merece ser explorado. Veamos algunos ejemplos:

La sierra de Guadarrama, la sierra de Madrid, es una de las que ofrece más variedad, pero debido a su localización junto a la gran capital española, se parece más a un parque de atracciones que a un entorno natural. En La Pedriza es fácil observar cómo los coches hacen cola para entrar al recinto e incluso cómo hacen sonar el claxon. A veces, en verano, la muchedumbre se agolpa para bañarse en el Manzanares o para subir por un sendero. El puerto de Navacerrada hay que subirlo en caravana, con el agravante de que las líneas continúas y el tráfico de bajada impiden los adelantamientos. En Cercedilla es difícil encontrar aparcamiento antes de emprender una de las muchas rutas que de allí parten. El Escorial está poblado de turistas y si el viajero quiere tranquilidad ha de dirigirse directamente a la salida de su ruta sin pasar por el pueblo. En resumen, la sierra madrileña es tan atractiva por sus encantos naturales como repulsiva por el exceso de gente que huye de la capital buscando un poco de paz en unas montañas que en realidad parecen tan rusas como las del parque de atracciones.

Pero cambiemos la crítica por los consejos: si el plan es exigente y se buscan buenas vistas y un fuerte ejercicio, recomiendo las Torres de la Pedriza o el Cancho de los Muertos, también en La Pedriza. Si se buscan una ruta más tranquila y unas sensaciones más suaves: los Tesoros de Abantos, junto a San Lorenzo del Escorial. 

No muy lejos de Madrid se encuentra otra sierra también famosa; Gredos, situada en la parte sur de la provincia de Ávila. La vertiente más cercana a Madrid, en sus primeras estribaciones, ofrece además dos valles de gran interés, como son el Valle del Tiétar y el Valle de Iruelas. Muy cerca está el embalse del Burguillo, donde el viajero puede darse un chapuzón si no es domingo, pues en ese caso le será difícil encontrar un hueco libre donde colocar la toalla. Y ya en el llano, los famosos toros de Guisando, de época preromana, muy cerca de la localidad de El Tiemblo, uno de esos pueblos grandes de Castilla donde siempre se puede encontrar una iglesia interesante. Recomiendo la ruta del puerto de Casillas (pequeño y encantador pueblo que parece colgado de la montaña) para contemplar las maravillas citadas arriba. Y si uno tiene fuerzas de seguir subiendo y alcanzar los mil novecientos metros del Cerro de la Escusa, quizá sea capaz de mezclarse, como si fuera uno más, aunque uno de ciudad, con los buitres negros que anidan en los árboles.



Y hablando de animales, en caso de que queramos disfrutar de ellos fuera de las rejas del zoo o de los cotos de Faunia, conviene alejarse un poco de la sierra madrileña. Veamos:

Cerca de Segovia, en Riofrío, los ciervos, gamos, corzos y venados pasean en manada junto a las rutas por las que transitan los vehículos. Bien es cierto que se trata de una finca privada que otrora la monarquía borbónica usaba para sus cacerías, pero esto no anula la veracidad del asunto. En el norte de la provincia de Segovia se encuentran las hoces del Duratón, refugio del buitre leonado, que se puede ver de cerca cuando el aire comienza a calentarse a primera hora de la mañana; un espectáculo maravilloso. En el Parque Nacional de Cabañeros (Toledo), previo pago y con visita guiada, el visitante puede penetrar en el sacrosanto terreno de la fauna ibérica y disfrutar de un privilegio antes reservado a monarcas y aristócratas: ver cómo amanece el mundo animal. Aunque quizá el mejor sitio para buscar "lo salvaje" sea el barranco del Río Dulce (Guadalajara), y muy especialmente la Hoz de Peregrina, donde Félix Rodríguez de la Fuente y su equipo grabaron muchos de sus programas.



Ni están todas las que son ni son todas las que están, pero, con todo y con esto, en los lugares citados, el viajero puede encontrar sensaciones diferentes a las que genera la lanzadera del Parque de Atracciones de Madrid o a las que ofrece el zoo. Además, el aire de la Casa de Campo no posee la misma pureza que el de la sierra; en realidad, apenas tiene oxígeno. Si quieren respirar de verdad, suban las cotas, y después escupan.