viernes, 30 de agosto de 2013

Searching for Sugar Man


«Debe de haber historias similares que no llegaremos a conocer nunca», pensé nada más salir de una de las pequeñas y vetustas salas de exhibición que hay en los míticos cines Renoir Plaza España de Madrid. De hecho, conozco a unos cuantos autores malditos cuya historia, sin ser tan internacional, posee ciertos paralelismos. El documental, que narra la increíble vida de Sixto Rodríguez, se estrenó en España hace ya unos meses, en febrero, pero, afortunadamente, pudimos cazarlo aún en cartelera una soporífera tarde de agosto en la que sumergirse en las tinieblas del cine era de una de las mejores opciones posibles, sobre todo si tenemos en cuenta que era domingo y las piscinas estaban a rebosar de familias con bolsa nevera y sombrilla con el logo de Nivea. 

Rodríguez fue un cantautor de principios de los setenta que actuaba en garitos de Detroit y que llegó a grabar dos discos que apenas tuvieron éxito en los Estados Unidos. Quizá si hubiera adoptado un nombre más americano, como hizo Bob Dylan, las cosas habrían sido más fáciles. De todas formas, sus letras eran incómodas y golpeaban algunos de los valores de la histérica e histriónica sociedad americana. El caso es que, tras esos dos discos, despareció de los escenarios y también del mundo. Sin embargo, en Sudáfrica, a donde habían llegado unas copias piratas, su disco Cold Fact se convirtió en todo un fenómeno social, pues fue interpretado por parte de la juventud como un símbolo de lucha durante el Apartheid. La película no cuenta qué fue de Rodríguez, cuándo y cómo desapareció, sino que, basándose en una leyenda callejera, insinúa que murió de manera trágica en un escenario (algunos aseguraban que se pegó un tiro en directo, otros que se quemó a lo bonzo…). Y tomando como punto de partida el misterio que envolvía este suceso que nadie había podido demostrar, se desarrolla una investigación llevada a cabo por un fan, Stephen Segerman, y un periodista, Craig Strydom, que sirve de hilo conductor del film. Cuando Strydom contacta con el antiguo productor de Rodríguez y descubre que el cantautor no está muerto, se abre una etapa en la que se reescribe la historia y que resulta para sus fans sudafricanos un verdadero milagro. La gente de Ciudad del Cabo no podía creer lo que estaba viendo cuando Rodríguez volvió a subirse al escenario más de veinte años después…

El valor de la película reside por lo tanto en su narración dramática divida en tres actos, al modo de los guiones de ficción; la historia de Rodríguez, la investigación y la resurrección. Una historia que bien podría haber sido escrita por algún evangelista, pues aparte de las similitudes que tiene la vida de Sixto Rodríguez con la vida de Jesús, el protagonista es un ser beatífico que huye del éxito y que dona el dinero que gana tras su reaparición a gente más necesitada. Malik Bendjelloul, el guionista y director del documental, estaba buscando una historia que contar cuando se topó con la de Rodríguez y pensó: «Es la historia más increíble que he escuchado nunca». No iba desencaminado el sueco; cinco años más tarde el documental ha dado la vuelta al mundo y ha obtenido infinidad de premios, pero, sobre todo, y más importante, se ha quedado para siempre en el corazón de muchos espectadores. 

1 comentario:

pepe pereza dijo...

Me encantó.De vez en cuando hay justicia poética.