domingo, 7 de julio de 2013

Grandes lecturas X: Mi idolatrado hijo Sisí, de Miguel Delibes


Sencillamente genial. Eso es lo que me parece esta novela de Delibes en la que el autor vallisoletano nos narra las andanzas de una familia acomodada desde 1917 a 1938 y, de paso, parte de la historia de España.

Cecilio Rubes es un industrial de provincias un tanto excéntrico cuyo matrimonio le hace infeliz. Sin embargo, tiene una joven amante a la que le ha puesto un pisisto y que alivia sus penas. Rubes es un hombre egoísta y solitario que sólo se acuerda de Santa Bárbara cuando truena y que de repente un día decide que quiere tener un hijo. Su condescendencia con el vástago provocará que Sisí se convierta en un niño consentido y mal criado, todo lo contrario que los hijos de sus ultracatólicos vecinos, los Sendín. Delibes utiliza a esta familia, cuyos miembros aparecen como personajes secundarios, como herramienta argumental que sirve de némesis a la actitud y comportamiento de la familia protagonista. Los Sendín son listos, guapos, estudiosos, saben tocar el piano, acuden a la iglesia… Y en ese paralelismo se establece una línea entre lo correcto, lo moral, lo que la sociedad de turno exige, con lo incorrecto, lo independiente, lo autónomo, lo que hace Cecilio Rubes, que sin ser ejemplo de nada, es más libre que ninguno. 

Ésta es grandes rasgos la sinopsis del libro, una historia cotidiana de la época que esconde un agudo retrato social de España. Cabe destacar aquí la sutileza con la que Delibes aborda ciertos temas comprometidos durante la dictadura. Lo que me llama la atención, y me asusta, es que aquella época, aquella Castilla, no está muy lejos, nada, en realidad, de la actual, que, por desgracia, está sufriendo un retroceso social que me lleva a estremecerme. Yo también he nacido y me he criado en una capital de provincias castellana y en mis ocasionales visitas observo atónito cómo se comportan algunas parejas jóvenes de mi ciudad, que tienen hijos por decreto ley, porque es lo que “hay que hacer”, porque así lo demanda uno de los miembros, por ceder a la presión social o por salvar un matrimonio donde no hay amor, ni pasión, ni sexo por placer, ni Dios que lo fundó… Parejas treintañeras que piensan y razonan de manera similar a los personajes de Delibes, Gallardones vestidos de salvapatrias morales que nos indican el camino recto, asociaciones antiabortistas en posesión de la verdad sobre lo que ellos consideran Dios, Patria y Familia. En otras palabras: rancio y apestoso nacionalcatolicismo presentado hoy en forma de esnobismo de clase media. A lo que voy: Mi idolatrado hijo Sisí, por desgracia, también podría estar ambientada en la época actual.

Cada capítulo abre de la misma manera: con las noticias del periódico de un día en concreto. Así el autor establece una relación entre los personajes y su entorno. Relación en la que Cecilio Rubes aparece como un individuo autónomo, aislado del mundo más allá de lo que representa el suyo propio, e indiferente a los acontecimientos. De este modo, el lector puede empatizar o no con la postura del protagonista, pues al final, irremediablemente, los acontecimientos involucrarán a todos los ciudadanos, incluido al mismísimo Sisí Rubes, que hasta entonces había vivido una vida feliz bajo la protección de una burbuja ideal que su padre había creado para él Dichos sucesos le conducirán, incluso antes que a otros que se habían implicado más que él en los temas políticos y sociales, a un desenlace dramático.

Como siempre en Delibes el uso del lenguaje es abrumador, de una riqueza excepcional. Tanta que no entiendo cómo algunos jóvenes narradores españoles no han leído nunca al autor castellano. Por otro lado, el estilo es pulcro, estudiado; cada párrafo es una pequeña obra en sí mismo. Apuntaré también, como curiosidad, el uso del laísmo del que hace gala Delibes con orgullo, como diciendo: “sí, qué pasa, soy vallisoletano”.

Mi idolatrado hijo Sisí
, de Miguel Delibes. Destino 1953/2003. Edición especial 50 aniversario. 

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