jueves, 27 de junio de 2013

Todo va bien, de Socrates Adams


Cuando eres joven y entras a formar parte del sistema laboral por primera vez y además te gusta escribir, ya sea narrativa o poesía o artículos de opinión, uno de los leit motiv de tu obra suele ser el de la organización de la sociedad en torno al trabajo. Cuando abandonas tus estudios y comienzas a carecer de tiempo libre y asumes ciertas responsabilidades, el trabajo te resulta espantoso. Aunque, más que el trabajo en sí, lo que te resulta espantoso es la irreversibilidad de tu nueva vida. Desde ese momento, todo girará alrededor del dinero, del modo de obtenerlo, más bien. Y, a menos que seas camello o político, para conseguirlo no te quedará más remedio que trabajar. De  ahí que el joven autor británico Socrates Adams (Bath, 1985) nos presente en su opera prima una fábula, escrita con un estilo chispeante,  sobre la esclavitud moderna; sobre algunos sistemas de trabajo.

Ian, protagonista y voz narrativa principal, es un joven empleado que se dedica a la venta de tubos industriales. Su jefe controla todos sus movimientos e incluso lo condiciona para que el trabajo forme parte de su vida en sus horas libres. Con la intención de que asuma responsabilidades, le encarga la humillante tarea de pasear con un tubo de los que vende y fingir que el tubo es su hija. Pero la mente de Ian está tan perturbada que acaba por creérselo y hasta le coge afecto al tubo. Cuando su jefe lo degrada y lo convierte en “Encargadillo de Mierda”, su único objetivo consistirá en escapar del sistema, aunque sea de manera temporal, viajando a los Alpes franceses. En la agencia de viajes conocerá a una chica, Sandra, de la que se enamorará y que finalmente le venderá un viaje a los Alpes ¡italianos!. Viaje que, sin embargo, y de modo irremediable, hará con su jefe. La otra voz narrativa, por cierto, es la del tubo-bebé.

Todo va bien es una original fábula satírica que juega con distintos planos de realidad hasta convertirse por momentos en una narración surrealista que nos habla de la esclavitud que genera el trabajo en general y del trabajo por objetivos en particular. Cualquiera que haya trabajado en un departamento de ventas se sentirá muy familiarizado con los gráficos o las clasificaciones que cita el libro. El neoliberalismo extremo transforma a los hombres asalariados en máquinas productoras de dinero. Y si en algún momento las máquinas dejan de producir, se convierten en un objeto inútil del que hay que deshacerse como quien se deshace de una vieja lavadora. La resignación y la sumisión parecen las únicas maneras de aceptar y asumir el estúpido mundo en el que vivimos. De ahí que, aunque la narración haya sido interpretada en un tono humorístico, permanezca en el fondo un poso de amargura constante con el que cualquiera que haya estado asalariado alguna vez puede empatizar. Al final, tanto en el trabajo como en la vida, uno se mueve por objetivos, que no son más que motivaciones que nos impulsan a seguir hacia adelante. La diferencia entre unos objetivos y otros es que los laborales son en beneficio de la empresa, y los personajes tienen como único fin huir de la empresa, aunque sólo sea por unos días.

Mi jefe me dijo que él no utiliza sistemas de navegación por satélite por la misma razón por la que no utiliza condones. Dice que si no hay riesgo de cagarla no merece la pena hacerlo. Él es la persona más increíblemente sabia y maravillosa que haya vivido nunca en este planeta.” (p. 126)


Todo va bien, de Socrates Adams. Pálido Fuego, 2013. Traducción de José Luis Amores. 

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