sábado, 15 de junio de 2013

Pulso, de Julian Barnes


Pienso que hay libros que no deberían traducirse. Mejor dicho, pienso que hay libros que pierden la mitad de su valor literario al ser traducidos a otras lenguas, pues la traducción se lleva consigo muchos de los elementos literarios con los que el autor juega. Éste es un claro ejemplo. Quizá debido a ello, hecho que además obliga al traductor a utilizar unas cuantas notas a pie de página, la última obra de Julian Barnes publicada en España no me ha entusiasmado; es más, me ha dejado un tanto frío, con una sensación térmica intermedia que oscila entre la candidez que aporta el talento del autor y la frialdad que provoca el incumplimiento de una elevada expectativa. Digo esto porque es posible que mi opinión fuera bien distinta de haber leído la versión original. Sin embargo, qué duda cabe, entiendo la necesidad de las traducciones y me alegro de que Zweig, Kafka o Bernhard estén traducidos al español.

Pulso es una compilación de relatos que no abordan, aparentemente, grandes temas, sino problemas sencillos y cotidianos que le suceden a las parejas de clase media, a los grupos de amigos, a los divorciados o a los comerciantes. En la primera parte del libro alternan una serie de relatos independientes con una narración dialogada dividida en cinco partes que nos sumerge en las veladas nocturnas de un grupo de amigos londinenses que debaten acaloradamente sobre los temas de actualidad del momento al mismo tiempo que, con gran desorden, hablan de las relaciones de pareja. Esta serie de textos, que se titulan “En casa de Phil y Joanna”, nos dan la medida global del libro, que no es otra que el camino que recorre el pensamiento cuando parte de lo cotidiano para llegar a lo divino. Barnes indaga con mordacidad e inteligencia en lo más profundo de la naturaleza humana sin que el lector se dé apenas cuenta. Y en ello reside el toque de genialidad que, reconozco, tiene esta obra.  

En esta primera parte, destacan un par de relatos sobre el resto. Uno de ellos es el que abre el libro, “Viento del este”, que nos cuenta, o nos desvela, más bien, la historia de un divorciado que se acuesta con una camarera extranjera cuyo oscuro pasado comunista esta irremisiblemente ligado, por desgracia para ambos, a un incierto presente. El otro es “Invasión de la propiedad privada”, que refuta el mito de que las parejas se destruyen a sí mismas dentro de los márgenes de su propiedad privada, o sea, en casa, ya que la tensión entre las dos partes de esta pareja madura se genera en el entorno natural, en la rutas senderistas a las que dedican gran parte de su tiempo. En esta narración he encontrado unos de los pasajes más brillantes del libro, que, además, nos sirve de resumen a la temática y al tono de Pulso:

Ésa era una de las ventajas de volver a estar soltero: ahorrabas tiempo. Andabas más rápido, llegabas a casa y te tomabas una cerveza más rápido y cenabas más rápido. Y después, la sesión de sexo contigo mismo también era más rápida. Ganabas todo ese tiempo extra, pensó Geoff…, un tiempo extra para estar solo. Basta, se dijo a sí mismo. No te está permitido ser un tipo triste; no te está permitido estar triste. (p. 112)

La segunda parte del libro aglutina cinco historias que tienen como telón de fondo la importancia de los sentidos para los seres humanos y el equilibro de éstos como metáfora de la sabiduría natural que lleva implícita nuestra especie. De nuevo, desde historias cotidianas y sencillas llegamos a reflexiones trascendentes. Destaca en esta parte el relato “Complicidad”, donde un hombre se enamora de una mujer que sufre una bizarra enfermedad cutánea que le obliga a cubrirse las manos con guantes y que contiene el final más impactante de todos los que hay en la obra. Casi tanto como el fino sentido del humor que salpica el tono general del libro y que, de alguna manera, me obliga a tamizar mi crítica inicial y a reconocer que Julian Barnes, con sus altos y sus bajos, es uno de los maestros europeos contemporáneos.

Pulso, Julian Barnes. Anagrama, 2011. Traducción de Mauricio Bach.

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