domingo, 3 de marzo de 2013

Karnaval, de Juan Francisco Ferré



Karnaval es una obra excesiva. Excesiva en el sentido tarantiniano de la palabra. Y excesiva en su extensión; 528 páginas. Pero Karnaval es también un ejercicio de lucidez que recorre la estructura del sistema para atacarlo desde dentro, tomando como punto de partida del famoso incidente acaecido en un hotel de Nueva York entre el entonces director del FMI, Dominique Strauss-Kahn, y una camarera africana. En el libro, al personaje se le denomina DK o dios K, y esto de dios, como veremos más adelante,  no es ni mucho menos baladí.


Ferré no se dedica a narrar el suceso, sino que lo reescribe y lo transforma dentro de un universo grotesco que no es menos real que lo que entendemos por realidad, pues ésta está siempre edulcorada por el propio sistema. Existen en la obra tres líneas aparentemente independientes que a mitad del texto confluyen en una misma vía de pensamiento que se muestra entonces como unitaria. Me refiero al sexo, la economía y la religión. Es decir, Karnaval reflexiona, con una gravedad disfrazada de comedia, sobre el comportamiento del cuerpo y el espíritu dentro del sistema; controlado en su totalidad por los poderes fácticos. Pero hay un elemento simbólico que resulta aún más importante en la construcción del libro; el teatro. El teatro como representación melodramática de la vida, el teatro entendido al modo clásico, una especie de catarsis donde los dioses le revelan a los mortales sólo los misterios que ellos consideran asumibles por mentes tan limitadas.


El libro está estructurado en tres partes. La central es una especie de guión de un documental que se rueda en Francia sobre el episodio de DK. Por él desfilan intelectuales ilustres, como Philip Roth, Michel Onfray, Michel Houellebecq, Noam Chomsky o Slavoj Zizek, entre otros, que van aportando su opinión, exageradamente académica, sobre el suceso. El autor aprovecha esta parte para retratar, con mucha sorna, por cierto, la pedantería de algunos eruditos; capaces de elaborar teorías complejas partiendo de hechos tan naturales como la incontinencia sexual. 


DK, como representante de la divinidad económica en la tierra -pues la muerte de Dios no es más que la abdicación de la religión ante el capitalismo-, es también el macho alfa que elige a la hembra que le venga en gana a cada instante. Ésta es la historia de cómo el pueblo llano ha sido violado por los reyes de la economía, que insertando con violencia su cetro en nuestros anos, nos han sometido hasta obligarnos a ponernos de rodillas. El falo europeo como cetro del poder económico, le sirve al autor para establecer un parangón entre Europa y Estados Unidos (DK es francés, pero trabaja en EEUU) que explique el triunfo del neoliberalismo sobre la socialdemocracia.


La capacidad narrativa de Ferré es abrumadora; construye un novela realmente extensa a base de subordinadas eternas que se encadenan unas con otras en una secuencia interminable que no pierde ritmo en ningún momento. El Premio Herralde de Novela 2012 es, en  resumen, una original propuesta literaria, un artefacto único que funciona como un documental sobre un famoso incidente que, sin embargo, es lo menos importante del documental, una simple excusa argumental, un macguffin. Demuestra Ferré en esta obra su preparación y su claridad de ideas, que le sirven para atreverse con una “gran novela”. Sin embargo, se equivoca, en mi opinión, al pensar que el público potencial de este libro puede tener la misma capacidad que él tiene para mantener la concentración y la atención en una obra tan vasta en su extensión y tan grave en su mensaje de fondo. 


Karnaval, de Juan Francisco Ferré. Anagrama, 2012. [Premio Herralde de Novela]

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