martes, 26 de marzo de 2013

El tratamiento de la realidad en el cuento; Doctorow Vs. Sillitoe


Dice E.L. Doctorow en el prefacio de Todo el tiempo del mundo (Miscelánea, 2012) que “un relato suele presentarse como una situación, hallándose los personajes y el escenario irrevocablemente unidos a ella. Los relatos se imponen, se anuncian a sí mismos, su voz y sus circunstancias están ya decididos y son inmutables. No se trata  de encontrar el camino para llegar a ellos; han llegado por propia iniciativa y, más o menos enteros, exigiéndote que lo dejes todo y los escribas antes de que se desvanezcan como se desvanecen los sueños”. Lo que Doctorow nos ofrece en su magnífico libro de relatos es la captura de esos instantes de realidad que encierran un cuento para él. Una vez que los capta, los transforma, pasándolos por el filtro de la narrativa, a fin de construir una nueva realidad que sólo puede concebirse en una dimensión literaria o en un sueño. En el primer relato del libro, Wakefield, un hombre abandona a su familia para esconderse en el desván y observar desde su escondite la realidad de su gente sin su presencia. De repente, un día aparece de nuevo en casa como si el tiempo no hubiese pasado, como si no existiese fuera de su vida en familia. La lectura del texto, cuyo magnetismo te atrapa y te cautiva, lleva a la confusión, a la paranoia, a la duda; el narrador nos hace dudar de la realidad, de lo que es real y lo que es imaginación, de lo que es vida y lo que es sueño, o de si la vida es sueño y los sueños sueños son... Y ése es el periodo de tiempo al que se refiere Doctorow en su prefacio; el que ha sabido cazar, tratar y reconstruir concediéndole una nueva entidad literaria.



En La soledad del corredor de fondo, de Alan Sillitoe (Impedimenta, 2013), encontramos una compilación de relatos ambientados en la Inglaterra más industrial; relatos que, más que captar un trozo de realidad y manipularla, pretenden encontrar una salida a ella para que sus personajes, encerrados en escenarios muy concretos, delimitados por los muros de las fábricas y los patios traseros de las viviendas de protección oficial, puedan huir hacia un mundo mejor. Así en, La soledad del corredor de fondo, relato que da título al libro, un joven encerrado en un reformatorio, encuentra su libertad en las carreras campo a través. El conflicto aparece cuando la carrera deja de ser un hobby -una liberación- para convertirse en una competición –una celda-; el director del reformatorio pretende que el interno gane la carrera de fondo en la que compiten chavales de otros reformatorios. La dignidad del perdedor, estatus social al que pertenece el protagonista, le llevará a pararse antes de la línea de meta y dejarse ganar por otro corredor; ésa es su victoria, la rebeldía del que ya no tiene nada que perder, la lucha de clases, la negación del sistema. Lo que Sillitoe construye en sus cuentos es una realidad mejor hacia donde huir, aunque en este caso desde dentro; a través de la imaginación del personaje, que se libera mientras corre, y no a través de situaciones oníricas o surrealistas, como en el cuento de Doctorow.



La diferencia a la hora de abordar el tratamiento de la realidad en el cuento entre Doctorow y Sillitoe es la diferencia entre los Estados Unidos y el Reino Unido; es la diferencia entre el país de los sueños y el país de la descarnada realidad industrial; es la diferencia entre la inventiva y el realismo -no olvidemos la fuerte tradición británica hacia lo documental, canalizada sobre todo en el Cinema Verité-; es la diferencia entre lo subjetivo y lo objetivo; es la diferencia entre quien sigue creyendo y quien ya se ha desengañado; es la diferencia entre la esperanza de un nuevo mundo y la resignación de la vieja Europa.  

Todo el tiempo del mundo, de E.L. Doctorow (Miscelánea, 2012). [Traducción de Isabel Ferrer y Carlos Milla]

La soledad del corredor de fondo, de Alan Sillitoe (Impedimenta, 2013) [Traducción de Mercedes Cebrián. Introducción de Kiko Amat]

1 comentario:

BACO dijo...

¡Bravo, Mario! Buen análisis.

¡Y viva el cuento!