viernes, 22 de febrero de 2013

Los inmortales, de Manuel Vilas




Compré este libro en cuanto salió a la venta, a principios de 2012, creo recordar. Desde entonces lo había dejado apartado en una esquina,  en el rincón donde esperan en cola los libros pendientes, esos que uno ha de leer con calma. Y así fueron pasando los meses y el pobre Vilas, su libro más bien, quedó enterrado bajo otras novelas pendientes de lectura. No obstante, la frescura del texto hace que el libro siga siendo una novedad, una novedad eterna, inmortal.

Existe en la obra del aragonés una preocupación constante por la muerte, por el paso del tiempo, por el envejecimiento del cuerpo, por la pérdida de nuestros seres queridos, sean éstos nuestros padres o nuestras mascotas. Y esa preocupación se canaliza, y también se alivia, en los mundos del creador-demiurgo, que construye un lugar donde nadie se muere porque todos están ya muertos, donde nadie se odia porque todos se odiaron ya lo suficiente.

El argumento de la novela comienza y termina en la introducción, donde se plantea un futuro lejano y una galaxia aún más lejana donde habita una especie inmortal. En este escenario aparece un manuscrito titulado Los inmortales, del que sólo se han podido recuperar algunos fragmentos, que escandaliza a los shakesperianos -habitantes de la galaxia Shakespeare-. El resto de la novela nos ofrece esos fragmentos, que son capítulos cortos protagonizados por famosos inmortales que habitaron en la Tierra cuando la evolución de la especie estaba aún en pañales y los seres humanos morían tras vivir un brevísimo periodo de tiempo. En estos relatos, la inventiva de Vilas toma el mando y el libro, como si fuera una peli de esas que ganan festivales, se convierte en un producto de firma, en un sello, en una marca de autor.

Vilas lleva su inventiva hasta el absurdo, hasta lo surrealista, en pos de hallar en ese espacio la libertad narrativa y temática que define su obra. Pero no nos equivoquemos, el estilo de Vilas no es vacuo, ni muchos menos frívolo, está cargado de una ternura mesiánica que propugna el amor en toda la amplitud de la palabra. Por la novela aparecen personajes como Cervantes, Kafka, Teresa de Calcuta, Juan Pablo II, Picasso, Van Gogh y, como no podía ser de otra manera, el propio Vilas. Personajes cuyas peripecias trazan un camino que nos dirige, más allá del gag, hacia nuevas formas narrativas, y también hacia nuevas formas de AMOR. 

Los inmortales, de Manuel Vilas. Alfaguara, 22012.

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