domingo, 17 de febrero de 2013

Grandes lecturas VIII: Padres e hijos, de Iván Turguénev

La obra cumbre de Turguénev se muestra ante el lector como un fiel retrato social de la Rusia del zar Alejandro II, una época de crisis en la que comienza a aflorar un nuevo orden sociopolítico que culminará con la abolición de la servidumbre. Por otro lado, la irrupción del pensamiento nihilista de Bakunin, en confronto con la tradición aristocrática de la Rusia más conservadora, será la simiente de los cambios revolucionarios que acontecerán años después.

La novela nos cuenta, en tono realista, la historia de dos estudiantes, Bazárov y Arcadi, que regresan a la casa paterna al terminar sus estudios. El conflicto que provocan las nuevas y revolucionarias ideas que los jóvenes traen de la gran ciudad, chocan frontalmente con el pensamiento tradicional y conservador de la generación que les antecede. El nihilismo de Bazárov, personaje principal y eje argumental de la novela, irrita a los representantes de la Rusia tradicional, hombres de campo que no tienen preparación suficiente para rebatirle y que terminarán frustrándose ante la fuerza y el empuje de las nuevas ideas revolucionarias. No obstante, la ideología de Bazárov entrará en contradicción cuando, tras la visita a la casa de una joven dama viuda, se deja llevar por el romanticismo que tanto detesta y termina por ser presa de la pasión; una de esas cualidades humanas que convierten a todos los hombres en iguales, un sentimiento que no distingue a los nihilistas de los aristócratas. 

-¿Quién los recuerda? Y encima el amor... es tan sólo un sentimiento fingido.
-¿De veras? Me agrada oírlo. 
Así se expresaban Anna Serguéievna y también Bazárov, y ambos creían decir la verdad. Pero ¿reflejaban realmente sus palabras toda la verdad? La auténtica verdad. Ni ellos lo sabían, y menos aún, el autor.  

La habilidad de Tuguénev como narrador queda patente tanto en el estilo; barroco, sí, pero no rococó, como en el desarrollo de los personajes; muy trabajados en su perfil psicológico. La obra posee muchos puntos de encuentro con Los hermanos Karamázov, de Dostoievski -posterior a Padres e hijos- y anticipa el gran debate que sacudirá Rusia desde mediados del siglo XIX hasta 1917. Los personajes de Bazárov e Ivan Karamázov tienen discursos similares y anticipan el ideario de la revolución que estaba por venir. Otro hecho significativo que remarca el propósito argumental de Padres e hijos, es el constante uso de palabras francesas, recurso que le sirve al autor para dejar patente la creciente presencia de los occidentalistas, en contraposición a los eslavófilos, en la Rusia de la época. Pero la trascendencia de Padres e hijos estriba sobre todo en la influencia que tuvo sobre la abolición de la servidumbre en Rusia. Y es que, el leit motiv de la novela, en su lectura más profunda, radica en el conflicto entre el ideal nihilista y el ideal aristocrático; las dos Rusias, que, como las dos Españas, representan dos paradigmas en conflicto. Un conflicto que no es más que la constante contradicción del ser humano; la del propio Bazárov.

Padres e hijos, de Iván Turguénev. Cátedra (Letras universales), 2010, 2003. Edición y traducción de Bela Martinova.