viernes, 4 de enero de 2013

Urueña, Villa del Libro: una crónica pucelana


El páramo es una inmensidad desolada, y el día que en el cielo hay nubes, 
la tierra parece el cielo, y el cielo la tierra, tan desamueblado e inhóspito es.
Miguel Delibes (Viejas historias de Castilla la Vieja)

Al llegar a la localidad zamorana de Toro, tierra de vino negro de cepas viejas, giramos a mano izquierda y tomamos una carretera comarcal que conduce a Medina de Rioseco. A la altura de Tiedra  (que cuenta con un Castillo del que sólo queda una torre) se forma la estribación de los montes de Torozo y el paisaje dibuja una imaginaria frontera que separa el valle del Pisuerga de los Campos de Castilla. Pocos kilómetros más adelante, y una vez hemos cruzado al otro lado de la AP6, se encuentra, enclavado en la localidad homónima,  la iglesia mozárabe de San Cebrián de Mazote; uno de esos templos que se estudian en la asignatura de Historia del Arte que se imparte en los institutos. La peculiaridad del templo reside en su imponente tamaño. Se trata de una de las iglesias que los primeros repobladores construyeron en tierra reconquistada y destaca por su variedad de estilos e influencias. El interior, todo encalado, está formado por tres naves separadas por arcos de herradura. La central está cubierta por una techumbre de madera, sin embargo, las laterales presentan bóvedas gallonadas de aire cordobés. La pena es que las visitas han quedado restringidas a los horarios de culto, generalmente una vez al día en horario de tarde, y resulta difícil ver el interior, que es lo más valioso. 

 San Cebrián de Mazote
Unos kilómetros hacia el norte llegamos a Urueña, preciosa villa fortificada levantada sobre una loma. Antes de subir al pueblo, se topa el viajero con una excelente iglesia románica, muy pura, y con decoración lombarda, que se conoce como Santa María de la Anunciada. Por desgracia, también suele estar cerrada. Una vez arriba, conviene dejar el coche fuera del recinto amurallado y patear el trazado medieval, formado mayormente por casas de adobe. Nada más adentrarse en la villa, aparecen las primeras librerías. Y es que Urueña es la única Villa del Libro que existe en España. Detengámonos pues en este aspecto: 

 Vista de Urueña desde el llano, con Santa María de la Anunciada en primer plano.
En el año 2005, la Diputación de Valladolid elige a Urueña, por su enclave, su cariz histórico y su localización cerca de la AP6, como lugar ideal para implantar la Villa del Libro. El proyecto pretende convertir la villa en una ciudad literaria y para ello financia la creación de nuevas librerías, tanto de antiguo como especializadas, y la organización de eventos, presentaciones de libros, ferias, cuentacuentos, etc. La idea es genial, qué duda cabe, y al principió funcionó, pero a día de hoy el pueblo, por desgracia, sólo recibe visitantes durante el fin de semana y generalmente en la época estival. En invierno, en días de diario, está muerto; el viajero que acude entre semana tiene la impresión de estar paseando por un pueblo fantasma, o lo que es peor: por un decorado de cine. Analicemos pues la situación que contemplamos: miércoles por la mañana. 11.30 a.m. Vacaciones de navidad. La villa está vacía, muerta; la mayor parte de las librerías cerradas, así como los bares, museos y oficinas de turismo. Tras recorrer el perímetro amurallado y contemplar las preciosas vistas (desde una de ellas se puede ver la Sierra de la Culebra, sita a más de cien kilómetros de distancia), encontramos en la plaza el único bar que permanece abierto. Muy cerca se encuentra la librería Alcaraván, la única que se estableció antes de la creación del proyecto. En el bar, donde hay algunos parroquianos, alguien nos cuenta que Urueña sólo tiene visitantes los fines de semana, y a veces ni eso… Nos cuentan también que muchos libreros, subvencionados, no trabajan lo suficiente y que abren sus negocios sólo cuando les viene en gana y que apenas promocionan la villa. A consecuencia, el proyecto ha ido perdiendo fuelle hasta pasar casi desapercibido para los turistas, e incluso para la gente del libro. Entonces me quedo un instante pensando y, a modo de flashes, aparecen en mi mente una decena de ideas que mejorarían la salubridad del proyecto de la Villa del Libro. Pero son sólo eso, ideas… Siendo realistas, la promoción del libro en este país resulta harto difícil. Como ya he dicho arriba, el pueblo cuenta también con varios museos, aunque destaca sobre todo el etnográfico de Joaquín Díaz, que era el único que estaba abierto. Abandonamos la localidad con la sensación de que esa idea genial de establecer una Villa del Libro no ha obtenido los resultados esperados y que, quizá, un poco más de publicidad y de entusiasmo no le vendría mal.

 Villa del Libro dentro del recinto amurallado.
Antes de llegar a Valladolid por carreteras comarcales flanqueadas por cientos de molinos de viento, hacemos una parada en San Rafael de la Santa Espina. El pueblo es muy pequeño, pero cuenta con dos atractivos que no hay que dejar pasar: el monasterio de la Santa Espina, donde aún hay monjes cistercienses, y el Mesón el Rincón del Labrador, un famoso local donde se pueden comer excelentes platos de caza y una gran variedad de setas. Después, ya alcanzada la bulliciosa y siempre viva Pucela (con diferencia, el municipio más grande de Castilla y León), uno recuerda con nostalgia la paz de los montes de Torozo, y saludable que es vivir en el campo… de Castilla.