sábado, 12 de enero de 2013

Grandes lecturas VII: Los hermanos Karamázov, de Fiódor M. Dostoievski




Dicen que Los hermanos Karamázov es una de las cumbres de la literatura universal. Sin embargo, a mí no me parece una de las cumbres, sino la cumbre. Aunque bien es cierto que aún no he tenido tiempo de leer todas las cumbres restantes. En cualquier caso, qué duda cabe, Los hermanos Karamázov es una obra de importancia capital en la historia de la literatura y precisa ser analizada, explorada y estudiada por partes. Procedamos pues:

La novela concentra toda la visión política, literaria y filosófica de Dostoievski. En ella expresa sus conflictos y sus preocupaciones a través de la voz de sus sólidos personajes. Y es que, como dijo Tolstoi, Dostoievski es “un individuo en quien todo es lucha”. El libro está dedicado a su esposa y nace de una tragedia acontecida en el hogar del autor cuando el hijo pequeño del matrimonio, Aliosha, de tres años, falleció prematuramente. De ahí parte el nombre del héroe de la novela, Aliosha, y también la historia paralela del niño enfermo Iliushenka. Tildo a Aliosha de héroe porque así es como lo define el autor, sin embargo, él mismo matiza el significado de la palabra héroe en el prólogo: “aunque llamo a Alexiéi Fiódorovich mi héroe, sé muy bien que no es, de ningún modo, un gran hombre”.

Sinopsis:
Los hermanos Karamázov nos cuenta la historia de la familia Karamázov. El padre, Fiódor Pávlovich Karamázov, es un vividor oportunista con tres hijos de dos matrimonios distintos a su cargo. Fiódor ha heredado una gran fortuna tras el fallecimiento de su primera mujer, y parte del botín le corresponde por ley a su hijo mayor, Dimitri, pero lejos de compartirla con el vástago, Fiódor la malgastará en los caprichos de una joven de la que se han enamorado a la vez tanto su hijo como él. El dinero y la chica serán el conflicto que articule toda la novela, una tragedia que se va fraguando desde el inicio, cuando, una vez presentados los personajes y sus relaciones, la familia al completo se reúne en el monasterio del Stárets Zosima (monasterio donde se forma el joven Aliosha, el pequeño de los tres hermanos) a fin de solucionar sus conflictos. Sin embargo, la reunión termina de manera bochornosa cuando el padre y el hijo mayor, Dimitri, se enzarzan en una disputa que terminará con el Stárets Zosima (los stártsy son líderes espirituales de la iglesia ortodoxa) besándole los pies a Dimitri como augurio de que algo terrible le va a suceder. A partir de aquí, el libro nos cuenta la historia de Aliosha en el monasterio, la del propio monje Zosima, la el hijo mediano Iván, la del criado e hijo bastardo de Fiódor, Smerdiakov, la de niño enfermo Ilushenka y, por supuesto, la que forma el hilo argumental de la obra, la historia de amor por la que luchan padre e hijo y que terminará en parricidio, lo que supondrá que Dimitri (Mitia) sea el principal sospechoso de la muerte de su padre, hecho sobre el que gira el tercer acto de la novela.

Los hermanos:
El mayor, Dimitri Fiódorovich Karamázov (Mitia, Mitka, Mítienka), es fruto del primer matrimonio de Fiódor. Es, de largo, el más parecido a su padre; hedonista y derrochador. Su personalidad conflictiva le lleva a estar siempre metido en líos. Es agresivo y violento, por eso, como él mismo reconoce, sólo sirve para ser soldado.
El mediano, Iván Fiódorovich Karamázov (Vania, Vanka, Vánechka), es el mayor del segundo matrimonio de Fiódor Pávlovich. Es un ateo declarado que posee gran influencia sobre el criado Smerdiakov, hermano bastardo suyo. Iván siente el deseo de acabar con su padre, y por eso se sentirá culpable (porque, de alguna manera, actuará como instigador del asesinato) del parricidio. Finalmente, tras torturarse moralmente, terminará siendo presa de la locura. Sus conversaciones con Aliosha acerca de la existencia de Dios, representan el debate interior del propio autor.
El pequeño, Alekséi Fiódorovich Karamázov (Alioshka, Aliosha, Lióshechka), es un novicio en el monasterio del Stárets Zosima y, sin duda, el más noble de los hermanos. El personaje de Aliosha funciona como canalizador de todas las historias del libro. Su pureza le conduce a ser confidente y mediador de los conflictos entre el resto de personajes.
El bastardo, Pável Fiódorovich Smerdiakov, es hijo de una mujer de la calle y se rumorea en el pueblo que su padre es el propio Fiódor Pávlovich, por lo tanto, Smerdiakov, que además tiene gran trascendencia en la trama, es considerado uno más de los hermanos Karamázov. Fiódor Pávlovich lo acogerá en su casa y terminará trabajando para él como criado, aunque en realidad, vive bajo la protección del otro criado de la familia, Grigori, y de su mujer.

Otros personajes:
Agrafena Aleksándrovna Svetlova (Grúshenka, Grusha, Grushka), es una bella y ambiciosa joven por cuyo amor luchan Fiódor Pávlovich y su hijo Dimitri. La joven jugará con ambos por pura diversión, hecho que tendrá consecuencias fatales. Grúshenka, por lo tanto, representa, a modo de personaje bíblico, el pecado, la lujuria, la voluptuosidad, y será el detonante del conflicto principal. Su rival, Katerina Ivánovna Verjóvtseva (Katia, Katka, Kátenka), es la prometida de Dimitri, una rica señorona de la que finalmente se enamora Iván. Merece la pena destacar también al Stárets Zosima, líder espiritual del monasterio donde se forma Aliosha, y también al grupo de niños que configuran la subtrama de lo novela, entre los que destaca el niño enfermo Iliushenka, con quien concluirá la obra.

El estilo:
A Dostoievski lo tildaron en su época de autor poco cuidadoso. En esta obra, y según nos da a entender el autor a lo largo del texto, el narrador es un narrador observador (cuenta lo que ha visto, lo que ha oído, lo que le han contado). Sin embargo, narra de manera omnisciente, o al menos conoce el interior de los personajes como si fueran ellos mismos quienes hablaran. No obstante, la narración resulta perfectamente realista gracias a que cada personaje utiliza un modo de hablar distinto; por ejemplo, podemos notar la agresividad y nerviosismo de Mitia en sus diálogos y la calma, el sosiego y la inteligencia emocional de Aliosha en los suyos. Por otro lado, la estructura, dividida en doce libros y un epílogo, salta de unas historias a otras, incluso con flashback, y a veces no retorna al argumento principal hasta muchas páginas más adelante, lo cual provoca que el lector se pierda constantemente hasta que, ya avanzada la narración, consigue familiarizarse con todos los personajes y su importancia en la trama. Lo que es innegable es la fuerza y la personalidad que destila el maestro ruso en su escritura; el peso de una prosa que nos cuenta cosas trascendentes, graves. Y es que Dostoievski es sobre todo el gran retratista de la naturaleza humana, de sus virtudes y sus defectos. Y precisamente sobre eso versa el libro; se trata, al fin y al cabo, de un certero análisis de nuestra especie. No andaba desencaminado Stefan Zweig cuando afirmó que Dostoievski era “el mejor conocedor del alma humana de todos los tiempos”

Significado:
No podemos entender esta obra sin el marco histórico en el que se encuadra, a finales del siglo XIX; en la una Rusia zarista que reclama un cambio de modelo y donde florecen las primeras mentes revolucionarias. El ateísmo de Iván y sus consecuencias en la personalidad de otros personajes, terminarán con la muerte del padre; en otras palabras: la muerte de Dios, el anticristo. De ahí la importancia de Aliosha como aprendiz del Stárets Zosima. Por otro lado, el realismo de Dostoievski nos introduce de lleno en la aldea ficticia en la que se ambienta la historia, un lugar donde las condiciones de vida son duras y donde los hombres pierden con facilidad sus valores, dándose al hedonismo y al nihilismo. Existe pues en la novela un germen socialista que preconiza todos los cambios ulteriores que se producirían años después en la gran Rusia.

La influencia de Los Hermanos Karamázov es capital en la historia de la literatura del siglo XX. Da la impresión de que todo lo que vino después partía, de alguna manera, del arriesgado proyecto del gran escritor ruso. Quizá su influencia más notable sea la que tuvo sobre Kafka y su Carta al padre. En cualquier caso, el concepto “matar al padre” contiene en sí mismo significados infinitos que convierten en insondable cualquier análisis.

Los hermanos Karamázov, de Fiódor M. Dostoievski. Cátedra (Letras Universales), 1997, 2009. [Edición de Natalia Ujánova]

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