martes, 2 de octubre de 2012

Niño, buitre y fotógrafo




Pie de foto 1:
En 1994, el fotógrafo Kevin Carter fue galardonado con el Premio Pulitzer de fotografía gracias a esta instantánea. La imagen fue tomada en Sudán, durante una hambruna, y capta un instante tan tenso como terrorífico: un buitre, oliendo la muerte, se acerca a un niño famélico para devorarlo en cuanto fallezca.
Nadie sabe qué le ocurrió finalmente al niño, ni siquiera el propio Kevin Carter, quien tras tomar la instantánea abandonó el lugar. Meses más tarde, sumido en una profunda depresión provocada por la presión social, el fotógrafo se quitó la vida.
Los motivos que le llevaron al suicidio los desconocemos, ya que nadie pudo preguntárselos. Del mismo modo que nadie pudo preguntarle al niño si le inspiraba más terror el buitre que acechaba su espalda o el buitre que le hacía fotos de frente. 

Pie de foto 2:
En 1994, el fotógrafo Kevin Carter fue galardonado con el Premio Pulitzer de fotografía gracias a esta instantánea. La opinión pública interpretó la foto como una alegoría: la pobreza acechada por el capitalismo y retratada con indiferencia por un fotógrafo que alcanzó el éxito sin escrúpulos.
Sin embargo, Carter siempre alegó que el niño hacía sus necesidades mientras era vigilado por el resto de la tribu y que el buitre esperaba detrás la ración de carroña que le suministraban los hombres tribales (nótese que el niño lleva en su muñeca la pulsera de la estación de comida de la ONU). Investigaciones posteriores han demostrado que el niño, Kong Nyong, falleció en el año 2008 debido a una fiebre.
La famosa foto no fue el detonante de la muerte de Carter, que se produjo debido a un cúmulo de factores, como el fallecimiento de su mejor amigo, su adicción a las drogas y el desequilibrio de su personalidad. No obstante, la influencia que la opinión pública tuvo sobre su trabajo, provocó en él una fuerte depresión que le llevó a aficionarse a los barbitúricos y a desordenar su vida. 

Pie de foto 3:
Las fotografías representan un instante que la cámara capta siempre fuera de su contexto. Una fotografía es uno de los veinticuatro momentos que pasan en un segundo cuando las imágenes adquieren movimiento. Representa un porcentaje ínfimo dentro de una secuencia. Por lo tanto, no existe nada más fácil que manipular a la opinión pública por medio de una fotografía acompañada de un texto sugestivo que condicione el pensamiento. Tal vez el pie de foto 1 y el pie de foto 2 sean igual de falsos, o tal vez no. Esta oración dubitativa demuestra que las instantáneas no deben traspasar los límites de la retina. En otras palabras: a la hora de juzgar, uno ha de acudir siempre a la secuencia completa de los hechos, si es que ésta existe. De no ser así, la foto ha de entenderse como imagen única, como objeto artístico, como obra pictórica, como algo infinitamente interpretable. Si la opinión pública (ésa masa que juzgaría los hechos con firmeza y fiereza tras leer el Pie de foto 1, y con candidez y ternura tras leer el Pie de foto 2), entendiera que la duda es inherente a la instantánea, se evitarían muchos conflictos, e incluso, como demuestra esta historia, se salvarían vidas.  

MARIO CRESPO 


Texto extraído del blog: Pie de Foto

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