lunes, 10 de septiembre de 2012

Grandes lecturas IV: Fuga sin fin, de Joseph Roth



El problema de las novelas que cuentan la historia de una vida, o incluso de media vida, es que si no son unos tochos de quinientas páginas, las elipsis acaban convirtiéndolas en obras deslavazadas. O dicho de otro modo: si un párrafo abarca un año de existencia del personaje, cien párrafos después son muchas las cosas que han acontecido y muchos los personajes que han pasado por la vida de nuestro protagonista, todo ello a gran velocidad. Esto conduce a un estado de confusión en el que, al final de libro, el lector no recuerda si Natascha es el nombre de la amante, de la novia o de una  amiga. Y ésta es mi mayor crítica a esta obra de Joseph Roth que, no obstante, posee muchas más virtudes que defectos.

Una de esas virtudes es la fuerza narrativa. La historia de Franz Tunda es, de alguna manera, una autobiografía tapada y muy ficcionalizada del propio autor. Hecho que le conduce a narrar con pasión y a convertir los pasajes literarios en vívidas imágenes que el lector puede absorber con facilidad. Por otro lado, no cabe duda que Roth, como escritor austriaco de entreguerras, al igual Zweig o Musil, es un hombre de su tiempo que no duda en plasmar en sus textos la realidad sociopolítica de la época desde el punto de vista del intelectual puro. Y eso es algo que los apasionados de la historia, como yo, agradecemos mucho cuando leemos obras que, como fotografías, captan con precisión un momento histórico. 

Fuga sin fin nos cuenta la historia de un oficial austriaco capturado por los rusos en 1916. Franz Tunda, que así se llama el oficial, consigue escapar de un campo de refugiados y encuentra cobijo en una granja siberiana. Durante la Revolución, adoptará una identidad falsa y terminará, no sólo convirtiéndose a la causa, sino también convirtiéndose en un líder. Tras la Revolución seguirá huyendo y viviendo en distintos países a fin de encontrar su ideal político, y también su ideal amoroso. Conviene advertir la preocupación de Roth por el concepto “Europa”, tan en boga en nuestros días.*

He pensado mucho, antes de redactar esta reseña, si colocar la obra dentro de la etiqueta “Grandes Lecturas”, pues aun siendo un libro sólido y cargado de grandes reflexiones, no me parece una de esas obras que brillan solas en la inmensa oscuridad de la historia de la literatura. Si finalmente lo he hecho ha sido porque, aunque su sencillez le resta perspectiva histórica, es una de esas novelitas que se paladean lentamente una vez acabadas como si fueran un trozo de jamón de Jabugo chorreando cebo. Honestidad, ironía, pasión y fuerza son los sellos de esta Fuga sin fin que todavía ronda mi cabeza.

*Y vosotros remendáis los agujeros con materiales asiáticos, africanos, americanos. Los agujeros son cada vez mayores. Pero vosotros conserváis el uniforme europeo, el esmoquin y la piel blanca, y vivís en mezquitas y templos hindúes. Yo, en tu lugar, me pondría un albornoz. 

Fuga sin fin, de Joseph Roth. Acantilado, 2003 [Traducción de J.L. Vernal]

No hay comentarios: