lunes, 3 de septiembre de 2012

Crónicas alcarreñas


Cuando el viajero avanza por la antigua Nacional II (hoy llamada A-2) en dirección norte, lo primero que observa es que la carretera pica hacia arriba. La caprichosa orografía de la Península Ibérica muestra sus lomas que, como sombras en la noche, parecen precipitarse sobre los vehículos que se adentran en la provincia de Guadalajara hasta elevarlos a cerca de mil metros sobre el nivel del mar. El primer núcleo poblacional de cierta entidad que nos encontramos es la capital; Guadalajara. Una ciudad poco destacable, salvo por el famoso Palacio del Infantado; una joya del estilo gótico-isabelino con esencia morisca. Pocos kilómetros más adelante, en lo alto de una loma, se muestra orgulloso el castillo de Torija, una reconstrucción moderna erigida sobre la primitiva fortaleza medieval que hoy alberga un museo de la provincia y que ya describiera Camilo José Cela en su obra Viaje a la Alcarria, libro al cual se le dedica una sala de dicho museo.

  Vano con jambas en Brihuega. Al fondo vista de La Alcarria.

Desde Torija se puede alcanzar la preciosa localidad de Brihuega, que se alza sobre un altiplano de la vega del río Tajuña. Brihuega es una villa que apenas alcanza los tres mil habitantes, sin embargo, posee mucha vida; una de sus calles principales está repleta de bares y restaurantes (algunos de ellos galardonados con premios gastronómicos), y merece la pena parar a tomar unas mollejas a la plancha o una ración de morteruelo. A Brihuega le acompaña una historia de acontecimientos bélicos de la que no puede renegar, pues son sus piedras las que hablan y le cuentan al viajero las batallas de los reyes castellanos. Testigo de ello son sus murallas y sus iglesias románicas. No obstante, el monumento más peculiar es su plaza de toros, de construcción relativamente moderna. La plaza está insertada en pleno casco histórico y apenas se distingue desde el exterior, pues está excavada. Cabe destacar, como curiosidad, que en ella se rodaron las escenas taurinas de Hable con ella, película dirigida por Pedro Almodóvar, y que tiene capacidad para más de siete mil espectadores.

 Buitre leonado aterrizando en la buitrera (Barranco del río Dulce)
Conviene advertir que la provincia de Guadalajara posee bastantes parques naturales repletos de fauna salvaje. Quizá el más impactante sea el Parque Natural del Barranco del Río Dulce, un entorno espectacular que no pasó desapercibido para Félix Rodríguez de la Fuente y su equipo, pues en él rodaron muchos capítulos de El hombre y la tierra. De hecho, el bueno de Félix se hizo construir una caseta en plena hoz del río Dulce, a tan sólo kilómetro y medio de la pequeña localidad de Pelegrina. El parque natural es ciertamente llamativo para los amantes de la naturaleza y la fauna salvaje. Sus catorce kilómetros de sendero permiten al caminante toparse con algún que otro corzo, ver nutrias (sólo a ciertas horas y con mucha paciencia y capacidad de observación, ya que estos graciosos animalillos no se dejan ver con facilidad) o contemplar a poca distancia el planear de los buitres leonados y las águilas perdiceras. En esta ruta se encuentran otros dos pueblecitos muy peculiares: Aragosa y La Cabrera. 

 Avistamiento de una nutria al caer la noche en la hoz de Pelegrina, cerca de la caseta de Félix R. de la Fuente.

Muy cerca del parque está Sigüenza, preciosa villa medieval que impresiona por su castillo (hoy Parador de Turismo), su enclave privilegiado y su catedral-fortaleza de estilo gótico tardío, que llama la atención por la dimensión de sus naves, sobre todo si tenemos en cuenta que Sigüenza tiene una población de cinco mil habitantes. En la catedral se encuentra el famoso sepulcro del Doncel de Sigüenza (Martín Vázquez de Arce), que Ortega y Gasset tildara de mejor escultura yacente de España. Cabe destacar también la Plaza Mayor y algunas de sus iglesias. Sin embargo, a diferencia de Brihuega, Sigüenza es una villa bastante enfocada hacia el turismo madrileño y no resulta tan fácil sentarse a la mesa con garantías de encontrar un buen equilibrio entre la calidad y el precio. 

 El majestuoso castillo de Sigüenza, hoy Parador Nacional.
Destacan también en esta ruta alcarreña poblaciones como Jadraque, que posee un castillo del s. XV, o Hita, localidad del famoso Arcipreste, llena de reminiscencias góticas civiles. No obstante, quizá la mejor forma de disfrutar la provincia de Guadalajara sea internándose en la calma de sus parques naturales, pues además del Barranco del Río Dulce, destacan el Parque Natural del Alto Tajo y el Hayedo de Tejera Negra. En cualquiera de ellos se puede disfrutar de una vida que pareciese retroceder en el tiempo y que hace del viaje una experiencia espiritual donde el hombre puede integrarse plenamente en la naturaleza para olvidar el modelo de vida occidental y urbanita que nos ha conducido a la ruina. Allí, entre buitres leonados y búhos reales, uno parece olvidarse de los mercados, los alimentos transgénicos, la subida del IVA y el cáncer, esa pandemia contemporánea que se podría evitar comiendo los tomates que se cultivan en las huertas de Aragosa, La Cabrera y Pelegrina.  

Río Dulce en las inmediaciones de Pelegrina; un remanso de paz.