lunes, 7 de mayo de 2012

Éxodo urbano

Uno de los factores del empobrecimiento de la clase media radica, me temo, en la inflación de lo público. Si un billete combinado de metro  (el que se utiliza en Madrid para viajar a la periferia) cuesta la friolera de tres euros, ¿cuánto ha de costar, siguiendo la proporción, un Mercedes SLK? Pues curiosamente, el Mercedes, producto de lujo, mantiene su precio estable. Es decir, como siempre que se produce una tendencia inflacionista, los precios al alza son sólo los de los productos de primera necesidad: los gastos diarios de la clase media.

Base principal del neoliberalismo es la carencia de reglas (y la carencia de ética) en los procesos comerciales. Y precisamente eso es lo que estamos viviendo hoy día en nuestras casas; un vertiginoso empobrecimiento de la clase media dirigido simplemente a mantener el estatus de las clases pudientes hasta que la crisis amaine. De este modo, los hombres y mujeres que dominan el mundo no tendrán que empezar de cero, como los demás, cuando el sistema financiero repunte. El empobrecimiento de la clase media, en resumen, es un habil truco que el propio sistema utiliza para purgarse a sí mismo.

Pagar tres euros por un billete de metro (medio de transporte que no utilizan, por cierto, los propietarios de Mercedes SLK) es una agravio tan mayúsculo que el ciudadano madrileño no sólo debería protestar y rebelarse por medio de las vacuas e inútiles huelgas que ofrece la democracia como efecto placebo; el ciudadano madrileño debería abandonar la ciudad en masa; generar una diáspora hacia el campo, un éxodo urbano que provocase la involución del sistema, la vuelta a lo primitivo, a un tipo de vida sencilla y sostenible que vaciase la ciudad a fin de que la mantengan ese 1% de ricos y banqueros ante los que los gobernantes se arrodillan antes de atracarnos.