domingo, 18 de marzo de 2012

Paseos con mi madre, de Javier Pérez Andújar

Aquí el catalán será sobre todo la lengua de los viejos y de los comerciantes. A nosotros irá llegándonos poco a poco, porque va a ser este idioma el que tenga que dirigirse hacia  nosotros, y no nosotros los que vayamos hacia él. Al principio se introducirá en nuestro vocabulario un puñado de palabras en catalán, pero no sé si esto tendrá el efecto de abrir camino o acaso de sellarlo como cuando se inocula un puñado de microbios para prevenir una gripe. Los adultos empezarán a decir chamarreta y rachola, y los niños, pagadosa y baldufa. Y así se quedarán ambas lenguas, durante años separadas no por ser idiomas distintos sino por la distinción sociológica que hay entre sus hablantes. En Barcelona, ser catalán consiste más en pertenecer a un estatus social  que en pertenecer a un país. Para que las lenguas convivan va a ser necesario que las personas estén juntas en todas partes, y esta igualdad solo resultará tras un largo periodo de desarrollo económico.

Javier Pérez Andújar, Paseos con mi madre (Tusquets, 2011)



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