viernes, 9 de marzo de 2012

Diario de invierno, de Paul Auster


Llevo tiempo diciendo que la narrativa de Paul Auster está agotada; carente de ideas, de chispa, de frescura y de la magia que otrora le acompañó (él mismo ha declarado: "la ficción que escribo últimamente no me entusiasma"). El propio autor es consciente de ello y, precisamente por eso, ha decidido cambiar el rumbo y volver a la autobiografía, como ya hiciera hace años con La invención de la soledad y A salto de mata. Y este cambio de rumbo, esta aceptación de las limitaciones propias de una edad y una carrera increíblemente exitosa, que cuesta mucho mantener, le ha sentado bien a Mr. Auster. O eso me parece a mí, puesto que esta obra resulta infinitamente más interesante, novedosa, fresca y placentera en su lectura que cualquiera de las que ha escrito tras El libro de las ilusiones (en mi opinión su última novela realmente “austeriana”).

Auster reflexiona aquí sobre la vida; recordando la suya propia, rememorando escenas del pasado, situaciones límite y tragedias, enfermedades y entierros, separaciones y alumbramientos, domicilios y camas, pero también lo hace reflexionando desde el momento actual de su vida, desde la veteranía que le dan los galones de su edad. La obra está escrita con un estilo muy suelto que empalma oraciones gracias a una prosa muy sonora que lleva al lector a sumergirse en una espiral narrativa que incita a seguir leyendo más y más. Utiliza el autor una peculiar voz en segunda persona del plural; como si el Auster narrador se dirigiese a la persona de Paul Auster para recordarle parte de lo que hizo, parte de lo que pasó, mostrando así su constante preocupación por la separación de cuerpo y alma.
 
No es éste, sin embargo, un diario de anotaciones sin más, es un libro de recuerdos y reflexiones no exento de pasajes altamente literarios, de simbolisimos y metáforas. El escritor de New Jersey escribió el diario durante los meses de un duro invierno newyorkino. Además, el título no es casual, Auster se encuentra en la cuarta etapa de la vida, en el ocaso, en el invierno. Curiosamente, no se detiene el autor en narrar sus éxitos literarios y pasa de puntillas por su satisfactorio segundo matrimonio y por el nacimiento de sus hijos. En cambio, se recrea constantemente en los accidentes, percances y eventos dramáticos acaecidos a lo largo de su vida.

En mi opinión, una de las mejores obras de Auster desde Brooklyn follies. Dudo que, a pesar de la presión editorial a la que está sometido (y que ha dado con sus huesos en la lona de la incapacidad narrativa), el bueno de Paul vuelva a deleitarnos con una obra de ficción. Y si lo hace, quizá sea la última vez. Eso es lo que nos da a entender su diario.

Diario de invierno, de Paul Auster (Anagrama, 2012). Traducción de Benito Gómez Ibáñez.


Puntuación: ****