lunes, 20 de febrero de 2012

Plop, de Rafael Pinedo


Compré este libro tras la insistencia de una persona de la que me suelo fiar. Lo hojeé por encima y, por alguna razón, me dio pereza ponerme con él y lo dejé acumulando polvo en una estantería. Un domingo por la mañana me desperté temprano y me dispuse a leer cualquier novela breve que encontrase en los anaqueles. Y elegí ésta. Seré sincero: me ha me ha costado terminarla; el regusto final sabe a decepción. Quizá si la novela fuera aún más breve, si tuviera, qué se yo, cincuenta páginas menos, se digeriría mejor. Quizá, digo.

Vaya por delante que respeto y admiro el riesgo narrativo que asume el argentino Rafael Pinedo al plantear esta narración en la que construye un mundo extraño y sórdido que envuelve al lector en sus misterios y que convierte al libro en una rareza, pero, en mi opinión, el resultado final no logra el objetivo de semejante propuesta literaria. Nos plantea el autor una sociedad postapocalíptica, extremadamente cruel y primitiva, donde la vida no vale nada y donde los hombres se comportan como bestias. La crueldad gore de algunos pasajes está ciertamente bien lograda, pero el exceso de escenas brutales y desagradables llega a agotar al lector una vez que éste alcanza las cien primeras páginas. En mi experiencia personal, llegó un punto en que no deseaba seguir leyendo, era como si hubiera tenido ya suficiente, como si ya estuviese saciado, lleno, empachado.

Utiliza el autor párrafos cortos, de una o dos líneas, con constantes elipsis, de un renglón a otro, que convierten la narración en un texto dinámico que además nos cuenta la historia de un miembro del grupo salvaje, un sujeto llamado Plop, y su ascenso social en la casta nómada a la que pertenece. El estilo es de agradecer, porque esta obra narrada con un corte más clásico, con largos párrafos y eternas elipsis, no sólo sería insoportable, sino que no funcionaría. Otra cosa que me parece destacable es la unión temporal del prólogo y el epílogo, que termina por formar un círculo con mucha carga simbólica.

En Plop hay crítica social y suscita reflexiones interesantes sobre las relaciones humanas y la vida en sociedad, pero, repito, quizá se podría haber narrado lo mismo sin cansar al lector, sin llenarlo de barro, sangre, sexo y podredumbre durante las ciento cincuenta páginas de tortura a las que nos somete el autor sin apenas un momento de respiro para echar la bilis y vaciar el estómago.

Resumiendo: Plop me parece un experimento que, de haber salido bien, funcionaría a modo de luz de emergencia en el túnel de la narrativa contemporánea (cosa que, en mi opinión, sí que consiguen otros autores sudamericanos, como César Aira, en sus experimentos), pero que, después de todo, se rebela ante mis ojos como un experimento fallido, una explosión controlada, un amago de algo que pudo ser y no fue.

Plop, de Rafael Pinedo. Salto de página, 2007.


Puntuación: ***