lunes, 27 de febrero de 2012

¿Barcelona?

Me lo dicen dos voces: la de mi conciencia y la de mi mujer. Es algo que uno siente, una mutación interna, un gusanillo que trepa por el esófago hasta provocar tos; es la necesidad de cambio, de movimiento, de romper la crisálida. En Madrid los desplazamientos son largos, el tráfico amarga, el tiempo vuela, el dinero también. "Cómo abandonar todo tras conseguirlo" sería un buen título para esta utopía-ficción que brota en alguna parte de mi corteza cerebral, polinizando todo lo que toca.
Continuará…