jueves, 19 de enero de 2012

Senna, de Asif Kapadia


Mejor documental en el Festival de Sundance, 2011

Esto no es un documental deportivo, es una película sobre la vida, una reflexión sobre ella a través de la historia de uno de esos grandes personajes que de vez en cuando aparecen en el mundo y, que gracias a su personalidad, su fuerza y su carácter especial, acaban convirtiéndose en leyenda. Esto es Senna, un film tan excepcional como el personaje del que habla; una obra maestra.

La película narra, apoyada en un gran despliegue documental, la historia de Ayrton Senna, uno de los pilotos más grandes de la historia del motorsport, fallecido en un accidente, en 1994. Pero la narra como una historia de ficción, con sus conflictos y su clímax, con su final dramático y su capacidad para conmover. La confrontación Senna-Prost y el injusto trato que recibió el brasileño durante esos años por parte de las instituciones políticas del automovilismo, centran la parte más dramática, donde el espectador rápidamente tiende a diferenciar entre los buenos (Senna y su equipo) y los malos (Alain Prost y los comisarios de la FIA). De hecho, el espectador va absorbiendo (y comprendiendo) al personaje de Senna a lo largo del filme; su ambición, su competitividad, su talento, su carisma, su rebeldía contra la injusticia y, sobre todo, su bondad y generosidad. Y cuando el metraje alcanza la mitad, el espectador encuentra la empatía. 


Senna era un tipo especial, era inteligente, bondadoso, sensible, espiritual, controvertido y, además, tenía tanto talento para pilotar que la Tierra y sus carreteras se le quedaban pequeñas... Su carrera fue tan corta como fulgurante: batió el record de poles, dejó actuaciones para la historia, ganó tres títulos mundiales y vio cómo le robaban injustamente otros dos por decisiones políticas y económicas. Y cuando estaba en el punto más álgido de su carrera, un fatal accidente se lo llevó, conmocionando a todo Brasil y al mundo del deporte en general. Aún hoy sigue siendo un referente.

Soy aficionado a las carreras desde que era un crío. Recuerdo la muerte de Senna en directo (por entonces lo daba en España Tele 5): la tensión en la pista, la desesperada traqueotomía que improvisaron para salvarlo, el silencio de los comentaristas y, finalmente, el llanto de todo Brasil y toda la familia deportiva mundial. Se fue el más grande piloto de todos los tiempos, pero también la persona más especial que pisó nunca el paddock de la F1. En cualquier caso, esta película no es para los aficionados al motor; es para todos los públicos. Y para muestra un botón: visioné el filme junto a una persona a quien no le gustan las carreras, que no conocía a Senna antes de ver la película y que tampoco tenía un particular interés en conocer su vida. Pero, como dije al principio, esto no es una película sobre el mundo del motor, es una conmovedora historia sobre la vida, una lección de filosofía y sabiduría. Y mi acompañante, totalmente involucrada en la historia, finalmente se emocionó.


Ficha en IMBd