jueves, 10 de noviembre de 2011

Libra, de Don DeLillo

Libra es la octava novela de DeLillo que leo. Es una de las que más me han gustado aun habiéndome gustado todas. Tiene algo de novelista de leyenda, este DeLillo, algo especial, una especie de don para encontrar la palabra justa, la frase precisa, el párrafo magistral. Sucede que con sus libros nunca quiero acabar de leer. Por momentos incluso siento que resulta adictivo; mientras leo sus novelas pienso que no deseo leer nada más, que no me interesan el resto de autores, que estaría leyendo a DeLillo por siempre. Me entusiasma tanto la obra de este hombre que hasta he leído Body Art en inglés. DeLillo es, en resumen, uno de esos de escritores que me enseña a escribir.

La conspiración es un elemento recurrente en sus intrigas. El pensamiento global de alguien que indaga y retrata el poder como sistema de manipulación de las sociedades, ciegas en la penumbra de la ignorancia. Y de ahí, en trayectoria descendente, hasta sumergirse en lo más profundo del ser humano. El terrorismo y los grandes desastres nos hacen ver que el individuo no sólo es una caña en el Universo, sino también en las sociedades. Del asesinato de JFK en Libra hasta el atentado del 11-S en El hombre del salto, pasando por el escape tóxico de Ruido de fondo, existe en la obra del americano una preocupación obsesiva por el peligro de las masas. Lo masivo es la marca de nuestro tiempo, todo es global, todo está conectado, el mundo es un pequeño grano de arena en el Universo y el individuo se considera a sí mismo el ombligo del mundo. La pelota de beisbol que metafóricamente recorre la historia de los Estados Unidos en Submundo, extrapolable a cualquier otro país de Occidente, a pesar del beisbol, deja patente, qué paradoja, que DeLillo no es sólo uno de los grandes escritores norteamericanos; es el gran retratista del mundo occidental y sus consecuencias.

En Libra, una obra que, como el propio DeLillo apunta, no pretende aludir a la verdad literal, el personaje de Lee Harvey Oswald se debate entre el modo de vida occidental y el comunista. Eso le lleva a perderse en un mundo que, a pesar de sus esfuerzos, no consigue entender. Un ciudadano envuelto en una conspiración de dimensiones geopolíticas en contraposición a unos personajes poderosos que trabajan más allá del Estado sin ser conscientes siquiera de las consecuencias de sus errores. Engranajes de poder y ciudadanos solitarios que se mezclan y se confunden para llegar al lector por medio de una prosa magistral que seduce y engancha a partes iguales.

Creía en Estados Unidos, el país que no podía equivocarse. Era más grande que todo lo demás, mayor aun que Dios. Puesto que contábamos con el pleno apoyo de Estados Unidos, no podíamos perder. Nos lo dijeron, nos lo dijeron, lo prometieron, lo repitieron hasta la saciedad. (...) ¿Y qué pasó? Acabamos en las ciénagas, perdidos y hambrientos, a esas alturas nos alimentábamos de cortezas de árbol, y por la radio decían: "Atención, brigada, el búho ulula en el granero".

Libra, Don DeLillo (Seix Barral).

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