miércoles, 12 de octubre de 2011

Alma, de Javier Moreno


Podría copiar (aunque no pegar) el texto de contraportada. Resume muy bien la obra y la pretensión de su autor al escribirla, y sirve también, no nos engañemos, para venderla. Es más, creo que estamos ante uno de los mejores textos de contraportada de la historia de la literatura. Reseñar esta novela de manera sintética no es fácil. A modo de resumen destacaré algo que llamó poderosamente mi atención cuando levanté el libro de la mesa de novedades, le di la vuelta y leí lo que decía la contra: “Esto no es un libro. Esto, como se anuncia desde el mismo título, es un alma”. Al leerlo imaginé una experiencia metafísica alejada del acto de leer de manera convencional. Pensé que al abrirlo encontraría una nube de vapor, o algo similar, que luego se materializaría en una imagen de mujer con la que podría charlar un rato acerca de aspectos filosóficos. Pero no sucedió así, el alma la encontré mientras leía el libro; la contraportada tenía razón: Alma no es un libro, es, como la propia palabra indica, un alma. Y ésta es la coordenada principal que utiliza Moreno en su obra: la semántica.

Javier Moreno construye una narración donde frases supuestamente inconexas se ensamblan con las siguientes y las anteriores en una secuencia que no termina hasta el final del libro y que tan solo queda interrumpida por algunos diálogos y un puñado de imágenes comentadas. La voz narrativa parece la del subconsciente del autor que, en una suerte de trance o de estado onírico, nos transmite imágenes, situaciones y pasajes que, da la impresión, proceden de una escritura automática perfectamente controlada.

El detalle, la anécdota, lo banal o lo insustancial sirven de punto de partida para reflexionar sobre un mundo donde caben la poesía y el fútbol, Internet e IKEA, Uma Thurman y Kim Novak.

No fue hasta bien entrada la veintena que descubrió con sorpresa que tras la ducha una cantidad importante de espuma se acumulaba bajo su escroto. En la vida de Eduardo casi todo es insubstancial, banal, anodino. A veces Eduardo se compara con una aspirina. Solo el diez por ciento de cada dosis contiene algún principio activo.

Alma, Javier Moreno. Lengua de Trapo, 2011.