sábado, 2 de julio de 2011

Odio, de David Refoyo. Por un servidor

Leí por primera vez este libro en el año 2006. David pensaba publicarlo entonces. Mientras cañeábamos en un bar, me propuso hacer un vídeo promocional. No sé si debido al exceso de cañas o a qué, fuimos más allá y el proyecto desembocó en un cortometraje experimental. Cutrísimo, por cierto. Finalmente, por razones que no vienen al caso, las cosas se torcieron y el poemario no se publicó. El cortó quedó en Youtube y el libro en un cajón. Por alguna razón, cuando David me dijo, hace unos meses, que Odio iba a salir en papel con La Bella Varsovia, me dio la impresión que sólo habían pasado unos pocos días desde aquella conversación entre cañas e ideas de bombero retirado. 

Escribo este texto tras la presentación de Odio en Madrid por petición expresa de una persona. Presenté el libro de David siguiendo unas líneas que había garabateado la noche anterior mientras releía a toda velocidad el poemario y descubría nuevos planos de lectura. Una pena que el sueño me venciera, porque cada verso que leía me abría un nuevo horizonte. “De haberlo sabido antes, me podía haber currado una presentación guapa,” pensé mientras me retiraba a mi cuarto agotado por el estruendoso canto de la chicharra.

En plena alerta naranja, o eso me pareció, llegamos a la librería Arrebato Libros y nos sentamos en dos sillones antiguos ante un público poco numeroso pero muy atento. A grandes rasgos, lo que dije en la presentación fue lo siguiente:

Da la impresión que Odio es un mapa del consumo donde, una vez te introduces en su lectura, puedes moverte como en un hipermercado; explorando las distintas secciones: alimentación y bebidas, cosmética, telecomunicaciones, automóviles, etc. Y dentro de cada sección: los poemas. Cada uno finaliza con un eslogan, que es también un verso, el cierre, un golpe que noquea como lo haría un plano del cine-puño de Eisenstein (recurso, no obstante, muy publicitario). David, creativo publicitario, utiliza las armas de la publicidad para atacarla desde dentro, como ya hiciera Frédéric Beigbeder en su obra 11’99 € (De hecho, Odio abre con una cita de esa novela que dice: “El hombre es un producto como cualquier otro, con fecha de caducidad”). Además, David es capaz de fundir dos lenguajes en uno; como apunta Mercedes Díaz Villarías en el prólogo: “(…) no sólo la poesía busca en la publicidad: también la publicidad busca un lenguaje poético”. 

Odio es un libro de batalla, un libro Indignado, un grito de rabia ante la incomprensión de un mundo frívolo donde la felicidad que nos venden reside en el deseo de poseer, de cambiar en función del poder adquisitivo, de ser mejor persona por el hecho de ir mejor vestido… Bajo un estilo descriptivo disfrazado de poppy, se esconde un libro iconoclasta que busca destruir la veneración existente por iconos contemporáneos como, por ejemplo, el símbolo de Nike. No pierde el autor, sin embargo, y pesar de su visceralidad, la elegancia a la hora de criticar; utilizando un tono irónico que además hace más llevadera la contundente parte final (parte dos, estructurada en “oro”, “plata” y “bronce”: escalones de una competición donde sólo hay sitio para los tres del podio). En esta última parte, la voz se torna más grave y conduce al lector hacia sí mismo, hacia la reflexión. Ahí es donde se plasma la derrota del outsider, de aquel que vive al margen porque no comulga con el sistema. Y es que, en realidad, el leitmotiv de Odio no es la publicidad, sino la derrota. La derrota como concepto, como tema. Y esto fue lo que intentamos plasmar, mediante la filtración del drama a través de un personaje, en aquel experimento audiovisual. El personaje tenía que mostrar dos cosas: aislamiento y actitud de derrota. Es decir, carencia afectiva y desazón vital. En una parte del guión hay un giro y, de repente, el personaje acepta el sistema y asciende en él hasta terminar comprando la felicidad como si ésta fuera un producto cualquiera. Existe pues en este libro una preocupación por lo que Eloy Fernández Porta denomina “la mercantilización de los afectos”. Y esto es, al fin y al cabo, la chispa que enciende el Odio de David, y de tantos jóvenes.

Odio (David Refoyo. La Bella Varsovia, 2011)