miércoles, 13 de abril de 2011

NYC Inn

Hemos reservado una habitación de hotel en Manhattan, en la Octava con la Cuarenta y dos o con la setentayalgo o con alguna cifra de dos dígitos. No sé. El caso es que está en el puto centro. El precio era realmente económico. Digamos que lo que te puede costar un hostal de dos estrellas con bañera y televisión por cable en el centro de Logroño. En Manhattan no se puede improvisar, en lo que a alojamiento se refiere, hay que cerrar fechas asap y organizar también asap la incursión en la superpotencia productiva que ofrece a sus trabajadores quince días de vacaciones pagadas al año y parking gratuito en el edifico de la empresa. Parece que hemos tenido suerte, alojarse en un lugar tan céntrico suele costar mucha pasta. Tal vez intrigado por ese supuesto desajuste entre la localización y el precio, busco en internet información sobre el antro que espera en la gran manzana. “NYC Inn”. Esos son los descriptores, entrecomillados. El primer resultado del motor de búsqueda más popular del mundo me dirige a un foro sobre hoteles en Nueva York. Muchos usuarios titulan su post con epígrafes como: “el peor hotel del mundo”, “de película”, “la cama y un espacio para poner los pies”, “creo que algunas habitaciones son para practicar la prostitución”. Después de leer con calma los comentarios, me sumerjo en un mundo a caballo entre la literatura de Auster y la de Bukowski. Anular la reserva no cuesta nada. Lo pensamos dos veces. Finalmente, nos miramos y decimos al unísono: “¡qué coño!”. Después de todo, para un europeo, Estados Unidos no es un lugar al que viajar, sino una película o una novela que protagonizar. Wellcome to NYC (Inn).