lunes, 25 de abril de 2011

El hacedor (de Borges), Remake



-Un recorrido por El hacedor (de Borges), Remake

Zamora, Semana Santa 2010. La mañana del sábado santo, la menos resacosa de los tres días de fiesta, me levanto y abro “El hacedor (de Borges), Remake”. Lo leo de dos tirones. 

   Antecedentes:
El 5 de noviembre de 2009, jueves, publico un post en mi blog, “El viento que agita la cebada”, que plantea temas similares a los que inquietan a Fernández Mallo. Ese post me sirve de punto de partida de una novela que espero publicar el año que viene. La novela no tiene absolutamente nada que ver con “El hacedor (de Borges), Remake". Hay empatía.

-Mutaciones
He de reconocer que, de entrada, tenía algún prejuicio. El último libro de la trilogía Nocilla me había gustado menos que los dos anteriores y me daba la impresión de que la etiqueta Nocilla había alcanzado un preocupante nivel de agotamiento en su carácter innovador. Era consciente que el autor de la Nocilla iba a reinventarse. Pero no sabía hasta qué punto. Conforme avanzaba en mi lectura fui dándome cuenta de la capacidad de mutación que se había producido en el autor. Y no sólo en el autor, porque yo, como lector, parecía estar mutando también. 

-La aventura
En la isla de Lisca Bianca se rodó, en 1959, "La aventura", de Michelangelo Antonioni. Un grupo de amigos acude a la isla en barco y nada más llegar uno de sus miembros, la joven Anna, desaparece. La imagen de Mónica Vitti (Claudia en la película) corriendo hacia cámara sirvió como foto de portada para Nocilla Lab. En “El hacedor (de Borges), Remake” también hay fotos, muchas fotos. La mayoría realizadas con la cámara del iPhone. El libro se apoya también en vídeos de Youtube cuya dirección url viene indicada bajo el texto correspondiente.

-Paradiso, XXI, 108
Me levanto con la cara hinchada y ni siquiera me apetece desayunar. Con los ojos cerrados abro un libro que tiene la cubierta negra y un corazón dorado en un punto que no es el centro geométrico de la portada. Por alguna extraña razón, me acuerdo de Beckett. El libro me enfrenta con mis propias inquietudes; resuelve algunas y me aporta paz. Rehacer “El hacedor” parece un, paradójico, designio divino que alguien tenía que llevar a cabo tarde o temprano. Mallo construye su texto con una base de pilares narrativos y una techumbre de vigas poéticas que conforman una estructura tan funcional como estética. ¿Acaso no aprovechó Eiffel los avances en ingeniería que se dieron en su época? 

-Borges y yo
Borges escribía libros llenos de significados infinitos. “El hacedor (de Borges), Remake” es una miscelánea apropicionista y metafísica donde el lenguaje y la matemática se nos presentan como representaciones de un todo enorme y difícil de acotar fuera de los símbolos que conforman la cartografía contemporánea de nuestras preocupaciones filosóficas; esto es: las grafías. 

-Parábola del palacio
“El hacedor (de Borges), Remake” es como una vasija de cristal donde el autor ha conseguido encerrar (por el “método Wittgenstein”) un rayo de luz doblado que es capaz de alterar la secuencia espacio-tiempo del mundo de la literatura y que brilla como si el rayo rebotase en un espejo lleno de símbolos, letras, números… conceptos envasados al vacío y listos para ser consumidos por cualquier usuario que acude al Mercadona un sábado por la mañana. 

-El reloj de arena
Charlie el de Lost.

-Epílogo
Una obra que me ha sorprendido muy gratamente. Una gran obra. Una crema con más avellanas que la Nocilla, una mezcla que se deja paladear.

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