martes, 1 de marzo de 2011

Desgracia, J.M. Coetzee

Llevaba tiempo sin leer una novela de tanta magnitud literaria. Un libro de esos que marca no solo por haberlo leído de pie, cocinando o en el váter, sino también por lo que deja en el paladar. Soy consciente de que no se trata, ni mucho menos, de una novedad, pero creo que se merece una reseña (por si alguien no lo sabe, no reseño todo lo que leo).

Duro, trascendente, grave. Coetzee penetra en lo más profundo de la naturaleza humana con la precisión de un cirujano del alma. David Lurie es un profesor universitario, un triunfador que ha tenido varias mujeres y que aplaca su deseo acostándose con prostitutas y alumnas, según se tercie. Cuando sale a la luz su aventura con una joven alumna, su vida irá en declive. Marcado por la desgracia, huye al campo con su hija, a la Sudáfrica profunda, para encontrarse con lo más profundo del ser humano.

Desgracia nos habla de la nueva Sudáfrica, del mestizaje y la esperanza, de lo salvaje de la tierra y los animales y de lo animal que hay en el hombre. Una novela donde el personaje principal (para él todos los demás son secundarios) nos lleva a una empatía extrema: lo amamos, lo odiamos, lo compadecemos... Una obra de importancia capital que disecciona al hombre occidental con maestría. Imprescindible.

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