jueves, 17 de febrero de 2011

Sobre la ley Sinde, los Goya, Álex de la Iglesia y "Balada triste de trompeta"


Sobre "Balada triste de trompeta":
El día que se entregaron los Goya fuimos al cine. Matinal de domingo. La oferta era amplia, de esas que te hacen dudar frente a la cartelera. Más de diez minutos de debate para dilucidar si veíamos la de los Cohen, la de Eastwood o la de Álex de la Iglesia. Finalmente nos decidimos por "Balada triste de trompeta". La razón: era la única de proyección inmediata, por el resto nos tocaba esperar más de media hora. No me arrepiento de la elección. Para nada.
Lo mejor: la dirección es soberbia. Técnica y madura. El montaje, el reparto y la música son espectaculares.
Lo peor: la dirección está muy por encima del guión y de la historia que se nos cuenta.
La secuencia inicial (y no me refiero a la secuencia para títulos de crédito, que también es espectacular), ambientada en plena Guerra Civil, es sencillamente magistral y se encuentra al alcance de muy pocos directores españoles. A lo largo de la cinta (y de toda su filmografía) hay momentos inolvidables cinematográficamente hablando. En "Balada triste de trompeta" renace el sello inconfundible del Álex de la Iglesia de “El día de la bestia” y “La comunidad”, el amante de la arquitectura y la estética pura de la imagen, el de las grúas y las panorámicas surcando el cielo de Madrid.
La película me sirvió para constatar que Álex sigue siendo uno de los directores más valientes del cine español, un hombre que se atrevió a ser más personal que nadie sin necesidad de hacer cine de “autor” o “comprometido” o “trascendente”. No soy el único que ve en Álex de la Iglesia, aun con sus sonados errores ("800 balas", "Perdita Durango", etc), a una suerte de irregular Tarantino ibérico que ha conseguido crear una estética particular y un sello que le identifica y le lleva a envolver narraciones entretenidas en su particular mundo de personajes ibéricos.
Durante las primeras semanas en cartelera la película recibió diversas y sonadas críticas. Pocos podían suponer que el director, meses más tarde, vomitaría las malas digestiones que le había producido la ley Sinde. Si muchos lo hubiesen sabido por entonces, habrían juzgado la cinta con los ojos más limpios, intentando ver la botella medio llena (que es lo que nos queda dentro del precario estado de la no-industria del cine español), estoy seguro. En mi opinión, lo más criticable de la obra es la base de la misma, el propio argumento. Me parece tan sencillo como manido: dos tipos de personalidades diametralmente opuestas que luchan por la chica cañón. La parte positiva es que el director es capaz de envolver semejante historia en un torrente de metáforas, analogías y simbolismos que, aderezados con su particular estética, su humor, una espectacular puesta en escena y un gran montaje, nos ofrecen un producto que sube bastante la media del cine español del último año. “Balada triste de trompeta” nos habla de lo humano y lo inhumano, de la naturaleza del hombre, y de la mujer…

Sobre Álex de la Iglesia y la ceremonia de los Goya:
Creo que buena parte de la opinión pública está de acuerdo en que Álex estuvo sembrado en su discurso, en cómo lo dijo, en el momento que lo dijo y, sobre todo, en el sentido tono que lo dijo. Álex de la Iglesia es un tipo que, sin conocerlo personalmente, siempre me ha caído bien. Es valiente, parece honesto y aporta sensatez. Siempre dije que Álex no era la persona adecuada para este puesto, que este puesto es para diplomáticos y burócratas, no para tipos sinceros y honestos que no comulgan con ruedas de molino. Y, lamentablemente, al final el tiempo me ha dado la razón. Creyó que con su talante y sus buenas intenciones podría cambiar el lastrado cine español. Pero era una quimera: finalmente ha tenido que dimitir. La ley Sinde ha sido la gota que ha colmado el vaso, pero conociendo el percal, me cuesta creer que sea el único detonante. Su discurso en la gala (un caramelo para el realizador, por cierto) fue un ejercicio de honestidad que muy pocos directores españoles habrían hecho en su lugar.

Sobre la ley Sinde:
Solía contar mi abuelo paterno, ya muy mayor, que en los años cincuenta él y mi abuela iban todos los domingos al cine al igual que iban a misa o al fútbol, en el caso de mi abuelo. Pero “las reglas del juego han cambiado”*. Es de cajón: hoy en día no todo el mundo va al cine, pero casi todo el mundo es internauta. “Y esa gente no va al cine porque está delante de un ordenador”*. 

*Fragmentos extraídos del discurso de Álex de la Iglesia en la ceremonia de los Goya.

3 comentarios:

victoria dijo...

Sobresaliente. Comparto hasta la última coma en todo. Felicidades.

Clifor dijo...

Yo también lo suscribo. Todo.

Mario dijo...

Es más, creo que los créditos de la película son los mejores que recuerdo. Eso sí: hay que verlos en el cine.