martes, 8 de febrero de 2011

Fabulosos monos marinos, de Óscar Gual


Aunque se abre a otros lugares, todo transcurre en la ciudad textual de Sierpe, donde en varios planos superpuestos de realidad, que también (dadas las explicaciones del narrador) podrían considerarse dimensiones paralelas, se narran las historias de unos personajes que por momentos parecen el Alfa y Omega de la existencia pero que acaban anulados por el nihilismo. El autor estructura el libro en capítulos, levemente relacionados entre sí, que nos sumergen en una paranoica aventura lectora por un presidio, un concurso de televisión, la historia (cronológica y filosófica) de la banda Metallica, los videojuegos, Los Ángeles (gran capítulo este del El Gran Lebowski) y hasta por los parkings de la Ruta Destroy. Todo este material entra la batidora Gual y termina mezclado, con aparente casualidad, en un brillante ejercicio de afterpop literario. Pero, no te engañes, en Sierpe nada es lo que parece… 

Óscar Gual crea y hace funcionar un mundo peculiar (que podría ser más real que el que nuestros ojos nos enseñan a diario) en esta original novela de psiquiatras y policías, filosofía y drogas, presidios y concursos, techno y rock & roll, donde los fabulosos monos marinos aparecen solo esbozados y donde el autor demuestra ser capaz de hacer literatura de calidad a costa de  las, siempre horteras, camisas vaqueras. Además, el libro está lleno de atisbos de filosofía e inteligencia que el demiurgo narrador maneja como le viene en gana… Aunque siempre bajo un punto de vista nihilista en el que impera un vacío que no se puede tapar ni asumiendo la nada. Y como no podía ser de otra manera, y, como es su mundo, finalmente el narrador hace con él lo que se le antoja...

Fue David Refoyo quien me advirtió de los puntos en común que había encontrado entre la literatura de Óscar y la mía propia. Y así es, no sólo tenemos puntos en común, sino que los monos marinos parecen haber penetrado en mi mente y haberme implantando algunas de las decenas de ideas literarias que comparto con Óscar. Y es que en “Fabulosos monos marinos” (DVD Ediciones, 2010) hasta la metaficción compartida de dos autores que no se conocen se hace textual gracias a las extrañas conexiones que crea la desbordante imaginación de Gual.

Lo que más me asombra de Óscar es su capacidad para mezclar con humor (y con un equilibrado masaje de huevos) elementos de la cultura popular con fragmentos científicos y con las partes que marcan el desarrollo de los grandes personajes que construye. Sirva este párrafo como ejemplo:
Este hecho en concreto, el hecho de que exista alguien capaz de vestir una camisa vaquera independientemente de si está o no en la tele, es una cuestión sobradamente discutida en la cheslón de Willy.

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