viernes, 31 de diciembre de 2010

Agujetas

Llevo un tiempo de vacaciones y desconectado de la Red. Lo necesitaba. De vez en cuando necesito dejar de ser virtual y convertirme en carne para poder hablar con la gente mirándole a los ojos u oyendo su tono de voz.  He dedicado mis enormes vacaciones a estar con mi familia y amigos, a comer, a beber, a fumar… pero también a hacer deporte, una vida sana que el endiablado ritmo de Madrid no me permite llevar. A consecuencia, tengo unas agujetas dolorosísimas que me persiguen desde hace días y no me dejan en paz. Pero prefiero las agujetas musculares antes que las cerebrales. Y trabajar mucho tiempo frente a la pantalla de un ordenador genera estas últimas. Ahora se abre un nuevo año. Ni mejor ni peor (porque todos han tenido lo suyo), pero sí ilusionante: nadie sabe lo que podría salir por las puertas que han quedado abiertas. Tras muchos años de lucha y sufrimiento, parece que el tiempo me devuelve los minutos invertidos en forma de resultados. Tengo un trabajo en el que estoy a gusto y me siento bien tratado, una mujer maravillosa, una editora excepcional, grandes amigos que conservo desde la más remota infancia y una planificación de futuro muy intrigante. No puedo pedir más. Lo he pasado mal, pero las agujetas sólo duelen cuando, además de dejarte la piel, pierdes el partido.
We keep on living!
PD: Edito para decir que acabo de recibir una noticia bastante mala (no la voy a contar porque no viene al caso) que me ha hecho replantearme el discurso optimista de este post. Pero no, no lo voy a cambiar, sigo pensando lo mismo: la vida, corta, efímera y cruel, es también maravillosa en su inexplicable contradicción.

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