lunes, 13 de septiembre de 2010

Submundo, Don DeLillo


Mi historia con esta novela es peculiar. Llevo con ella desde antes del verano, lleva más de tres meses en la mesa del salón, es como parte de la decoración de mi casa. Durante el transcurso de su lectura me he visto obligado a leer otros libros de menor tamaño a fin de desengrasar. Por momentos se me ha hecho larga. No se me ha hecho aburrida, sino larga… He tenido fases de cien páginas al día y otras de cien páginas al mes. Submundo es precisamente eso, un submundo particular para el lector de la novela. Por eso, desde el momento que uno abre el tocho, se inmiscuye en un universo autónomo donde acontece parte de la historia más reciente de los Estados Unidos. 

La edición de Seix Barrall tiene novecientas páginas. Las cincuenta primeras son excepcionales. De hecho, como el propio DeLillo ha reconocido, era un relato aparte que le dio pie para escribir todo lo demás. La narración del principio nos sumerge en un mítico partido de beisbol jugado en Nueva York a principios de los años cincuenta. La pelota del home run ganador le sirve al autor como hilo conductor de un recorrido que dura casi cincuenta años. En ellos los personajes van coincidiendo en distintos momentos mientras avanzan por una época convulsa, la Guerra Fría.

Mientras leía el primer tercio del libro pensaba que esta obra era la mejor que había escrito DeLillo. Al acabar, he cambiado de opinión y sigo creyendo que Ruido de fondo es la más importante: me parece una narración más compacta, con más empaque. Quizá está opinión esté viciada por el hecho de que me gusta leer las novelas rápido, sin tener que volver hacia atrás cincuenta veces en pos de orientarme en el tiempo y espacio de la narración. Y es que por momentos ha vuelto a mi mente la experiencia con aquellos libros de Elige tu propia aventura, que leía cuando era un niño: en la página 450 te tienes que dirigir a la 200 para ver qué es lo que realmente está sucediendo con la trama. Tal es la complejidad de su fragmentación. 

Lo que más me ha sorprendido es su rigor formal. Debe ser muy difícil escribir novecientas páginas y que en cada frase la técnica sea igual de elevada. DeLillo crea sensaciones, nos abre las aletas de la nariz, nos aguza la vista, nos provoca dolor. Un apretón de manos o una pisada se convierten, en la pluma de este autor, en acciones importantes, me atrevería a decir que incluso elevadas, con una gravedad subyacente que convierte un gesto en un efecto mariposa. Y es que, en el fondo, Submundo nos habla de eso, de todas las contrahistorias que se dan detrás de una historia, la historia…