sábado, 10 de julio de 2010

De puertas, fútbol, superproducciones afectivas y submundos: un texto visceral

Estoy un poco pedo. Pero sólo un poco, con ese puntillo con el que puedes conducir sin dar positivo en un control de alcoholemia. Aunque, claro, eso siempre se piensa antes de coger el coche. Y luego, al soplar, crees tener un dèjá vu cuando te das cuenta que ya has estado soplando antes del control. No pretendo hacer un texto pro DGT, ni mucho menos, porque además no viene al caso, pero, por otro lado, creo que el tema del coche hay que tomárselo en serio, muy en serio. Cada uno sabe dónde está su umbral de seriedad. O así debería ser. Yo siempre he opinado que la DGT no debería exigir la licencia de conducción, sino una más avanzada: la licencia de piloto profesional. Así sí que se evitarían accidentes.

El caso es que me apetecía escribir un texto visceral. Hace mucho que no escribo al mismo tiempo que pienso, a pesar de cada día tecleo más rápido. Por eso quería escribir sobre ningún tema en concreto. Escribir por escribir (con Gemma Nierga). Por pasar el rato. Para apuntar mis pensamientos a tiempo real, más que nada. Hace mucho calor y tengo la ventana abierta. Tengo todas las ventanas abiertas. Y las puertas también, que diría Huxley. Todos recurrimos al consumo de sustancias, de una u otra manera. Hay gente que las compra en farmacias. Gente formal, muy integrada en el sistema. Otros, quizá los menos, acuden al mercado negro. Y el alcohol siempre está de moda. Puertas. Open your mind. Dicen que sólo usamos un 10% de la potencia de nuestra mente. Puertas. Ventanas espacio-temporales que hacen viajar a nuestra conciencia con la insoportable levedad del ser. Y es que ahora, viajar al extranjero, o al más allá (plus ultra), está de moda. Puertas. Todos deberíamos pasar, al menos, la del embarque.

Y hablando de Puertas. El otro día, unos colegas y yo (no los cito para que no los relaciones con el autor de este texto) estuvimos en la FNAC de Callao. Fernández & Fernández. Porta & Mallo, hicieron una sesión de spoken word para presentar el libro del primero, Eros, la superproducción de los afectos. Cuando el acto acaba, te da la sensación de que estás saliendo del cine. Te quedas como pensando en nada, absorbiendo. Porta significa puerta. Eloy también abre puertas, pero sólo a aquellos que le piden las llaves. Eloy es como el Amo del Calabozo del Sistema, lucha contra el vaginismo socialdemócrata y arenga al pueblo a subir los índices de amor. Eloy es un cerebro, un filósofo contemporáneo. Muy interesante. Y no, no me refiero al título de la revista. ¿Ves?, todo son marcas.

Marca. El diario más leído de España. Sobre todo en estos días de la Roja. Me gusta mucho el fútbol. Por muchas razones que no vienen al caso, pero me gusta. Y creo que, después de todo, lo de este Mundial es positivo. La alegría colectiva, sea con la excusa que sea, suele ser buena, nos hace recordar ciertas cosas. Quizá sentimientos que creemos que no conocemos. Es una extraña filantropía, algo ancestral, una sensación de pertenencia a algo colectivo, a algo popular y no manipulado por los gestores del sistema. Pero no me quiero poner metafísico. Lo importante es ver la alegría, sobre todo en los niños; la mayoría de ellos disfruta mucho con el fútbol, y eso crea vínculos que la poesía, por ejemplo, no puede crear, porque tan sólo le gusta a una minoría. Pero en realidad, el fútbol es un juego muy primitivo. Hay deportes mucho más complejos, tácticamente muy interesantes. Pero no tienen el gol. El gol lo es todo, es el éxtasis para quienes lo sienten. Aunque no me quiero alargar mucho con este tema, podría llegar a embarrarse con la, por desgracia, omnipresente política.

A tenor de esta locura colectiva que se ha formado en torno al Mundial, se me ocurre que el pulpo Paul, el pulpo adivino que acierta los resultados de los partidos, está más trucado que una escopeta de feria. Con tal de sacar dinero, hay gente que manipula hasta los pulpos. Y aunque a la gallega no está mal, yo paso de pulpo; prefiero leer a DeLillo. Estoy con una novela de, buf, unas mil páginas. Y no veo el final. Llevo unas 100. Al principio narra, de manera coral, espectacularmente polifónica, un partido de baseball jugado en New York en los años 50. Un partido mítico. Giants Vs. Dodgers. Eso le da la excusa para hablar más adelante de cosas más profundas, como la Guerra Fría o las franquicias. Porque resulta que ambos equipos ya no están establecidos en Nueva York, sino de Los Ángeles. Son franquicias, fucking chains. ¿Te imaginas que el Real Madrid fuera un equipo de Barcelona? En el neoliberalismo salvaje sí, sería posible. Así es la globalización ¿Qué cómo se llama la novela? Submundo, se llama Submundo, sí, podría ser una novela realista.

N de A: He tenido que preguntarle a Google cómo se escribe Déjà vu (no sé si porque estoy un poco pedo, sólo un poco, o porque nunca lo he sabido).