viernes, 11 de junio de 2010

La magia de la literatura

Leyendo “La vida, instrucciones de uso”, de George Perec, me paro en el siguiente fragmento: Una mujer de unos cuarenta años está subiendo las escaleras; viste un largo impermeable de escai y lleva en la cabeza una especie de gorro de fieltro en forma de pan de azúcar. Soy consciente de que el escai es un tela, pero no tengo muy claro qué tipo de tela es. Conozco la forma del pan de azúcar, pero no consigo imaginar cómo es un gorro en forma de pan de azúcar. Por tanto, mi mente dibuja la imagen de la mujer que a ella (a mi mente) le conviene, y visto a la fémina del libro con una gabardina y una boina de medio lado. Me gusta más así que con el escai y el pan de azúcar. Y ahí reside, precisamente, la magia de la literatura: en que mi portera, Lázaro Carreter y yo dibujamos en nuestra mente tres mujeres distintas, y, a pesar de lo detallado de la descripción, todos vemos una mujer diferente de la que sirvió de inspiración a Perec para escribir este fragmento. Y no sólo eso, sino que, a nivel narrativo, el resultado es el mismo.