martes, 29 de junio de 2010

Apocalypse Now Redux



No sé qué es lo que realmente cambia, además de la edición y la remasterización. No recuerdo la primera vez que la vi. No recuerdo su trama, sus conflictos. No recuerdo nada.



Hace unos años, tras leer el libro de Conrad, El corazón de las tinieblas (me pareció un gran libro, pero a su vez un coñazo), se despertó en mí un repentino interés por ver de nuevo Apocalypse now.



Hace unos días vi Apocalypse now Redux. Con un metraje más largo (tan largo que me tuve que levantar dos veces para hacer unos estiramientos) y unos retoques, la película, aunque sea a través de la pantalla de la televisión, sigue siendo la misma, la que no habla de la crueldad de la guerra, la que, simplemente, te hace partícipe de ella.



Para Coppola, la música es siempre un elemento fundamental. Es lo que yo llamo un cine de orquesta: grandes metrajes, narración coral, profundo desarrollo de unos personajes que están obligados a convivir, vida y muerte en confronto, un desenlace final narrado de manera orquestal, y una música que fomenta las emociones. En resumen, tiene todos los elementos de una gran obra, sin tener que ser, debido a ello, pretenciosa.



Coppola es el de la matanza final del padrino, el de la procesión en Little Italy, en el de los helicópteros a ritmo de las Valkirias de Wagner, el que no nos enseña el rostro de Kurtz. Coppola escribe, dirige y produce. Y, aunque le haya costado la salud y parte de su vida, ha conseguido sacar adelante aquello en lo que creía, aquello que hoy nadie ve como una idea descabellada, sino como una obra de arte. Coppola es, en realidad, el auténtico hombre-orquesta del cine. Coppola es, y será para siempre, el abanderado del gran cine, un cine que, ¡ojo!, no ha de confundirse con un cine erudito ni intelectual, sino sencillamente grande.